Mostrando entradas con la etiqueta enero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta enero. Mostrar todas las entradas

viernes, 7 de enero de 2011

La despedida del 4 de enero


Voy a ser sincera, las despedidas siempre me han parecido tristes, muy raramente no se me escapa alguna lagrimilla.
Hoy me ha tocado despedirme de un amigo que ha pasado un par de días en casa. Ha sido extraño para los dos, pero a la vez, bonito y muy, muy divertido; nosotros lo denominábamos todo el tiempo como "surrealista".
Aunque he estado calmada todo el rato hasta que ha cruzado a la sala donde sólo se permite estar a los viajeros en Atocha, cuando lo ha hecho no he podido evitar que rodara alguna lágrima, y he tenido que salir a la calle a fumar hasta que se me pasara.
De repente, no me había dado cuenta, cayó de golpe la soledad, y no solamente hablo de curarla estando en un sofá con una persona al lado, que está muy bien, sino de algo más.
Quiero hacer constar de todas maneras que no me va del todo mal viviendo sola y que de paso no tengo que preocuparme de si molestan a alguien mis ronquidos ni si tengo comida que ofrecer.
Quizás esa sensación tan fuerte haya sido porque era la primera persona que se quedaba en casa y luego se marchaba; o puede ser porque él es muy especial y al menos a mí, su visita me ha proporcionado justo lo que necesitaba en ese momento. La cuestión es que ahora tengo miedo de mirar mi cama y que se haya transformado la alegría que tenía al contemplar su tamaño en la imagen de una cama hecha para ser compartida.