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martes, 20 de febrero de 2018

Día internacional del gato

Empezaré con un enlace que a los lectores y a los amantes de los gatos les puede gustar sobre 10 libros protagonizados por gatos:

Pero lo realmente importante en este día, en el #DíaInternacionaldelGato, es que sería genial si todos difundiésemos casos de aquellos que necesitan acogida, adopción o padrino. Siempre podemos ayudar a las protectoras: llevando mantas, difundiendo, acogiendo...#Adoptanocompres


Os dejo varios enlaces:

- SOS Felinos
https://sosfelinos.org/urgentes/






 - Protección felina
http://proteccionfelina.org/





Os dejo también esta página que os va a encantar, el proyecto fotográfico solidario “Invisibles” trata de dar visibilidad al drama del abandono y maltrato de animales a través de fotografías de retrato de animales abandonados en refugios, perreras y albergues de toda España.




domingo, 30 de octubre de 2011

Mi mundo paralelo


Soy una persona simple. Ni especialmente culta, ni divertida. Tengo muchos defectos, como todos, pero reconozco mis virtudes. Cuando me muera seré olvidada en poco tiempo, no pasaré a los libros de historia como yo quisiera. Reconozco mis limitaciones. Pero mi fantasía, las escenas que pasan por mi cabeza, aquello que me hace seguir en pie, aunque sea poniendo este al borde de la locura, eso, no se me podrá quitar, porque eso también soy yo, para bien y para mal. Sé que mis ilusiones no son reales pero dormir y escribir es lo único que hace que vuelva a sentir sin dolor. No soy complicada, no trates de hacerme complicada, tan sólo quiero seguir en mi mundo paralelo.

Fotografía de Chema Madoz

domingo, 23 de octubre de 2011

Un pasito hacia delante, ocho pasitos hacia detrás, de nuevo

Empieza el frío y hoy he buscado la parte de arriba del pijama de manga larga para ponérmela y, nada mas verla, me ha venido a la mente, como un flashazo, el día en que te corté el pelo con él puesto y me costó meterlo tres veces en la lavadora el que dejara de picarme. Ya ves, esas cosas que a una le vienen a la mente sin esperárselo y que dejan un poso de tristeza. Y yo que estaba tan contenta porque ayer medio cociné en mi casa, después de diez meses y medio sin hacerlo porque también me recordaba a ti.

martes, 4 de octubre de 2011

Julio y Aurora

Julio era un chico muy guapo. Alto, moreno, de ojos azules, con una exquisita educación que le había proporcionado su padre (uno de los mayores empresarios del país), había vivido casi toda su vida en un chalé de La Moraleja.




Aurora miraba en su agenda los tres libros que debía recoger de la biblioteca si se quería poner al día con la asignatura de Renacimiento y terminar de una vez la carrera de Historia del arte.



Julio acudió a la biblioteca de la facultad un día y al salir se tropezó con Aurora. Ella, primero se puso lívida del susto pero luego en seguida enrojeció cuando le observó de cerca. Era el chico más guapo que se hubiera encontrado en su vida, seguro que modelo o algo así. Él sonrió y ella quiso que el mundo se parara allí mismo.
-Siento haberte asustado, ¿te puedo compensar con un café?- le propuso él.
-No bebo café- respondió ella justo antes de darse cuenta de lo que acababa de decir y de cerrar los ojos pensando que la tomaría por idiota.
-Bueno, también ofrezco coca cola si te apetece más.
-Acepto una coca cola.- sonrió. Aquello no podía ser cierto.



Julio y Aurora se encaminaron a la cafetería del rectorado y allí hablaron tranquilamente hasta que se les hizo la hora de la comida. Decidieron comer juntos para no tener que separarse. Y pasaron cuatro horas más. Aurora no recordó Renacimiento en todo aquel tiempo.



-Se ha hecho tarde- le comentó él. – Te puedo llevar a casa si quieres, tengo el coche ahí mismo.
Aurora sintió como que le conocía de toda la vida así que aceptó y se encaminaron al aparcamiento, donde se encontró con que el coche de Julio era un Porsche 911 Carrera.
-Pues no parece muy cómodo.- fue todo lo que dijo ella antes de subirse.
-Cuando te saques el carné y puedas conducirlo me lo cuentas.- contestó él.



Cuatro meses más tarde estaban los dos en la habitación del apartamento que ella compartía con otras chicas de la facultad esperando a que terminara de arreglarse para ir a conocer a los padres de él a una comida familiar en el chalé.
-Ponte falda o vestido, les encantará. Ah, y un poco de tacón, no excesivo.
-Sabes que no puedo andar bien con tacones, lo más elegante que tengo son las Doctor Martens.- le respondió ella.
-Pues con eso no podrás entrar en casa.- sonrió Julio.- Lo siento, princesa, pero mi madre es bastante rígida con las normas de vestimenta.



Aurora rebuscó y al final se puso unos zapatos que le prestó una compañera. Se miró en el espejo y se percató que verdaderamente estaba mucho más guapa así, aunque se notaba ciertamente incómoda.



Cuando llegó por la noche a casa se dio cuenta de que tenía el novio más guapo y maravilloso del mundo, que los zapatos con tacón le quedaban de maravilla y le habían hecho una herida que la haría cojear una semana y que todos en esa familia esperaban que se casaran en cuanto terminara la carrera. Que ella no tuviera dinero no parecía ser un gran problema para ellos pese a todas las películas que había visto sobre la diferencia social en una pareja.

Y así se hizo, en cuanto terminó la carrera se casaron. La familia de Julio se ocupó absolutamente de todo: decoración, invitados, lugar de celebración e incluso del número de invitados por parte de ella que estaría bien que acudieran, y como la mayoría no eran de Madrid porque ella estaba allí sólo por la universidad, muchos no fueron.




Julio era el sueño de toda mujer: guapo, divertido, interesante, inteligente y con genio. Con mucho genio. Sobre todo cuando las cosas no estaban como él quería. Aurora no pudo volver a ponerse sus botas Doctor Martens, sólo podía llevar zapatos o botas con tacón y femeninas, así que las tiró en un contenedor de ropa como él le había sugerido. Aunque ella le daba la razón, así estaba mucho más guapa.




Aurora no pudo seguir estudiando, ni siquiera tuvo la opción de decir que quería seguir con un doctorado y dedicarse a la investigación. Eso quedaba totalmente descartado pero es que Julio tenía razón, el ático que los padres de él les habían regalado era muy grande y requería mucha atención, a pesar de que en realidad tuvieran dos asistentas, una de ellas interna que vivía allí con ellos.




Julio solía sonreír muy a menudo pero eso a veces asustaba a Aurora, porque tenía dos sonrisas, y una de ella, levantando una ceja, quería decir que le tocaba castigarla. Claro que ella estaba segura de que se lo merecía, seguro que era que se había equivocado en algo importante de protocolo, que no terminaba de conocerlo bien. Su suegra trataba de enseñarla a que se adaptara y le explicaba que su hijo era muy buen chico a pesar de que a veces tuviera esos accesos de ira.



Aurora estaba segura de que Julio era el hombre de su vida y todo el mundo hablaba de lo bien que se llevaban, de la buena pareja que hacían, de lo torpe que debía ser Aurora para que cada dos por tres se golpeara con algo.



Julio la agarró del brazo cuando ella quería salir de una habitación y dejar de discutir, dejar de escuchar cómo la insultaba. Él cerró la puerta de un portazo y la empujó a la cama.



Aurora pensaba que él no era malo, si no la habría empujado contra la pared o la habría tirado al suelo.



Julio la dijo, muy despacio y en voz muy baja, tumbado encima de ella y apretando ligeramente su cuello, que siempre le tendría que obedecer y que si quería tener un hijo lo tendrían, un precioso chico de ojos azules y pelo negro como el padre, que traería alegría.



Aurora no podía respirar bien y le golpeaba la mano que le estaba ahogando. Se vio reflejada en los preciosos y profundos ojos azules que la observaban, con una ceja levantada. Y entonces Julio sonrió.



Julio no quería hacerla daño, tan sólo que le hiciera caso, al fin y al cabo siempre había pensado que Aurora era una chica lista, no sabía por qué costaba tanto darse cuenta que lo hacía por su bien.



Cuando Aurora cumplió veinticinco años sopló las velas con el labio partido y Julio le regaló dos billetes para que ambos lo celebraran en Japón. Allí las mujeres sí que eran sumisas.



Julio llegó un día a casa pero Aurora no estaba. La llamó al móvil pero no se lo cogió y empezó a ponerse nervioso. De pronto oyó unas risas en la piscina y la encontró allí hablando por el móvil. Se dirigió a donde estaba, le arrebató el móvil y lo lanzó todo lo lejos que pudo mientras Aurora le miraba con la boca abierta sin comprender. Luego caminó hasta el borde, de donde ella no se había movido y poniéndose de cuclillas la miró.
-Si llego a casa y te estoy llamando, me contestas.- la dijo.
-No te oí.- trató de disculparse ella.
Julio le agarró del pelo y la sumergió, sujetándole con firmeza la cabeza. Luego la volvió a sacar durante unos segundos y lo volvió a repetir hasta tres veces más. Después, la soltó, se sacudió el agua que le goteaba de la mano y entró al ático.



La madre de Julio llamó para hablar con ella del por qué de no tener hijos, que si era porque no valía. Aurora no quiso decirla que no se acostaba con su marido, sino que simplemente hacía mucho tiempo que él disfrutaba más si la forzaba y que ella se encargaba de que de ahí nunca saliera descendencia. Le dijo a su suegra que tal vez fuera Julio quien no pudiera. Acto seguido quiso rectificar pero no estuvo a tiempo, le había oído.



Aurora sabía que tenía que salir de allí antes de que Julio se enterara de lo que había dicho o tendría que castigarla, no le gustaban las impertinencias. Cogió el bolso y fue corriendo al ascensor. El teléfono móvil estaba sonando. Era su marido. No lo cogió. Las puertas del ascensor se abrieron, ella iba a entrar, alguien iba a salir, alguien que la cogió por los brazos y la metió dentro del ático de nuevo. Julio le dijo a la chica interna que se tomara el día libre.



Julio no se podía creer que su madre le llamara y le contara lo que su mujer le había comentado que era culpa de él que no tuvieran todavía pequeños Julitos corriendo por el jardín del chalé de La Moraleja.



Aurora estaba de pie en medio de la entrada, temblando y agarrando el bolso con fuerza, mirando la punta de aquellos zapatos de tacón que la hermana de Julio le había regalado.
Julio se acercó a ella y le cogió la cara entre las manos, con suavidad. Ella alzó la mirada y se vio reflejada en la profundidad fría del azul. La besó y luego despacio se dirigió a su lóbulo sin apartar sus labios de ella.
-Con que es mi culpa, ¿no?- la susurró.



Aurora iba a disculparse, a inventarse una excusa, a decirle algo, a pedirle perdón, a lo que hiciera falta para no tener que pasar por lo que sabía que venía a continuación.



Julio estaba sentado en la tumbona del chalé de sus padres tomando el sol. Su madre se acercó y le preguntó qué tal estaba.
-Gracias por ayudarme con los abogados, mamá.- la dijo sonriendo.
-Siempre serás mi pequeño y guapísimo hijo, Julio. Esa mujer no era digna de ti ni de esta familia y estás muchísimo mejor sin ella. No puedo comprender como no entendía ni las cosas más simples, que tu mujer te tiene que obedecer, que siempre ha de estar guapa y que tenía que darme un nieto, sólo eso, por Dios, si ni siquiera la dijimos que trabajara como esas guarrillas que van por ahí hoy en día, sólo tenía que ocuparse de estar disponible…



Julio la acarició la cara con ternura y se puso las gafas de sol.



Aurora estaba a dos metros bajo tierra de tomar el sol.

GABRIEL CELAYA. ANTOLOGÍA

A Blas de Otero

Amigo Blas de Otero: Porque sé que tú existes,
y porque el mundo existe, y yo también existo,
porque tú y yo y el mundo nos estamos muriendo,
gastando nuestras vueltas como quien no hace nada,
quiero hablarte y hablarme, dejar hablar al mundo
de este dolor que insiste en todo lo que existe.

Vamos a ver, amigo, si esto puede aguantarse:
El semillero hirviente de un corazón podrido,
los mordiscos chiquitos de las larvas hambrientas,
los días cualesquiera que nos comen por dentro,
la carga de miseria, la experiencia —un residuo—,
las penas amasadas con lento polvo y llanto.

Nos estamos muriendo por los cuatro costados,
y también por el quinto de un Dios que no entendemos.
Los metales furiosos, los mohos del cansancio,
los ácidos borrachos de amarguras antiguas,
las corrupciones vivas, las penas materiales...
todo esto —tú sabes—, todo esto y lo otro.

Tú sabes. No perdonas. Estás ardiendo vivo.
La llama que nos duele quería ser un ala.
Tú sabes y tu verso pone el grito en el cielo.
Tú, tan serio, tan hombre, tan de Dios aun si pecas,
sabes también por dentro de una angustia rampante,
de poemas prosaicos, de un amor sublevado.

Nuestra pena es tan vieja que quizá no sea humana:
ese mugido triste del mar abandonado,
ese temblor insomne de un follaje indistinto,
las montañas convulsas, el éter luminoso,
un ave que se ha vuelto invisible en el viento,
viven, dicen y sufren en nuestra propia carne.

Con los cuatro elementos de la sangre, los huesos,
el alma transparente y el yo opaco en su centro,
soy el agua sin forma que cambiando se irisa,
la inercia de la tierra sin memoria que pesa,
el aire estupefacto que en sí mismo se pierde,
el corazón que insiste tartamudo afirmando.

Soy creciente. Me muero. Soy materia. Palpito.
Soy un dolor antiguo como el mundo que aún dura.
He asumido en mi cuerpo la pasión, el misterio,
la esperanza, el pecado, el recuerdo, el cansancio,
Soy la instancia que elevan hacia un Dios excelente
la materia y el fuego, los latidos arcaicos.

Debo salvarlo todo si he de salvarme entero.
Soy coral, soy muchacha, soy sombra y aire nuevo,
soy el tordo en la zarza, soy la luz en el trino,
soy fuego sin sustancia, soy espacio en el canto,
soy estrella, soy tigre, soy niño y soy diamante
que proclaman y exigen que me haga Dios con ellos.

¡Si fuera yo quien sufre! ¡Si fuera Blas de Otero!
¡Si sólo fuera un hombre pequeñito que muere
sabiendo lo que sabe, pesando lo que pesa!
Mas es el mundo entero quien se exalta en nosotros
y es una vieja historia lo que aquí desemboca.
Ser hombre no es ser hombre. Ser hombre es otra cosa.

Invoco a los amantes, los mártires, los locos
que salen de sí mismos buscándose más altos.
Invoco a los valientes, los héroes, los obreros,
los hombres trabajados que duramente aguantan
y día a día ganan su pan, mas piden vino.
Invoco a los dolidos. Invoco a los ardientes.

Invoco a los que asaltan, hiriéndose, gloriosos,
la justicia exclusiva y el orden calculado,
las rutinas mortales, el bienestar virtuoso,
la condición finita del hombre que en sí acaba,
la consecuencia estricta, los daños absolutos.
Invoco a los que sufren rompiéndose y amando.

Tú también, Blas de Otero, chocas con las fronteras,
con la crueldad del tiempo, con límites absurdos,
con tu ciudad, tus días y un caer gota a gota,
con ese mal tremendo que no te explica nadie.
Irónicos zumbidos de aviones que pasan
y muertos boca arriba que no, no perdonamos.

A veces me parece que no comprendo nada,
ni este asfalto que piso, ni ese anuncio que miro.
Lo real me resulta increíble y remoto.
Hablo aquí y estoy lejos. Soy yo, pero soy otro.
Sonámbulo transcurro sin memoria ni afecto,
desprendido y sin peso, por lúcido ya loco.

Detrás de cada cosa hay otra cosa que es la misma,
idéntica y distinta, real y a un tiempo extraña.
Detrás de cada hombre un espejo repite
los gestos consabidos, mas lejos ya, muy lejos.
Detrás de Blas de Otero, Blas de Otero me mira,
quizá me da la vuelta y viene por mi espalda.

Hace aún pocos días caminábamos juntos
en el frío, en el miedo, en la noche de enero
rasa con sus estrellas declaradas lucientes,
y era raro sentirnos diferentes, andando.
Si tu codo rozaba por azar mi costado,
un temblor me decía: «Ese es otro, un misterio.»

Hablábamos distantes, inútiles, correctos,
distantes y vacíos porque Dios se ocultaba,
distintos en un tiempo y un lugar personales,
en las pisadas huecas, en un mirar furtivo,
en esto con que afirmo: «Yo, tú, él, hoy, mañana»,
en esto que separa y es dolor sin remedio.

Tuvimos aún que andar, cruzar calles vacías,
desfilar ante casas quizá nunca habitadas,
saber que una escalera por sí misma no acaba,
traspasar una puerta -lo que es siempre asombroso-,
saludar a otro amigo también raro y humano,
esperar que dijeras -era un milagro-: Dios al fin escuchaba.

Todo el dolor del mundo le atraía a nosotros.
Las iras eran santas; el amor, atrevido;
los árboles, los rayos, la materia, las olas,
salían en el hombre de un penar sin conciencia,
de un seguir por milenios, sin historia, perdidos.
Como quien dice «sí», dije Dios sin pensarlo.

Y vi que era posible vivir, seguir cantando.
Y vi que el mismo abismo de miseria medía
como una boca hambrienta, qué grande es la esperanza.
Con los cuatro elementos, más y menos que hombre,
sentí que era posible salvar el mundo entero,
salvarme en él, salvarlo, ser divino hasta en cuerpo.

Por eso, amigo mío, te recuerdo, llorando;
te recuerdo, riendo; te recuerdo, borracho;
pensando que soy bueno, mordiéndome las uñas,
con este yo enconado que no quiero que exista,
con eso que en ti canta, con eso en que me extingo
y digo derramado: amigo Blas de Otero.

A manera de gallo
Matinal, grita y sangra.
En su garganta seca, vidrios claros le rayan;
en una sombra densa, lo amargo se le ínflama.
Los colores espesos del petróleo, los días
confundidos escapan,
y donde el mundo acaba,
sonoro, rebotando por dentro de sí mismo,
lacerado, perdido, buscándose -enemigo-,
su matanza él prosigue, brillante de delirio.

A veces me figuro que estoy enamorado...
A veces me figuro que estoy enamorado,
y es dulce, y es extraño,
aunque, visto por fuera, es estúpido, absurdo.

Las canciones de moda me parecen bonitas,
y me siento tan solo
que por las noches bebo más que de costumbre.

Me ha enamorado Adela, me ha enamorado Marta,
y, alternativamente, Susanita y Carmen,
y, alternativamente, soy feliz y lloro.

No soy muy inteligente, como se comprende,
pero me complace saberme uno de tantos
y en ser vulgarcillo hallo cierto descanso.

Amante
Un mediodía: un resplandor cuajado.
Las palabras más crueles me arañan hoy los labios
mientras tú, perezosa,
ola lenta, te extiendes sobre arena de días,
elástica, tan densa
de materia de amor con obligado llanto
tan suave en tu contorno,
tan resbalada siempre sobre últimas delicias
que tu piel me disfraza las ruinas de la música:
tu corazón que es dulce, y es sucio, y es perverso,
y se agarra a mi vicio con avidez de valva
blando llora, se arrastra, pegajoso y abierto,
en ese bajo fondo del más denso deseo.

¡Tus pecados antiguos como el mundo, tu pena,
tu abandonada muerte, tu noche, tus placeres,
dulce, dulce mía, imposible, excesiva!


Amor
Vivir es fácil y, a veces, casi alegre.
Esta tarde -mar, pinares, azul-,
suspendido entre los brazos ligerísimos del aire
y entre los tuyos, dulce, dulce mía,
un ritmo palpitante me cantaba:
es fácil y, a veces, casi alegre.

La brisa unía en un mismo latido
nuestros cuerpos, los árboles, las olas,
y nosotros no éramos distintos
de las nubes, los pájaros, los pinos,
de las plantas azules de agua y aire,
plantas, al fin, nosotros, de callada y dulce carne.

La tierra se extasiaba; ya casi era divina
en las nubes redondas, en la espuma,
en este blanco amor que, radiante, se eleva
al suave empuje de dos cuerpos que se unen
en la hierba.

¿Recuerdas, dulce mía, cuando el aire
se llenaba de palomas invisibles,
de una música o brisa que tu aliento
repetía apresurado de secretos?

Vivir es fácil y, a veces, casi alegre.
Contigo entre los brazos estoy viendo
caballos que me escapan por un aire lejano,
y estoy, y estamos, tocando con los labios
esas flores azules que nacen de la nada.

Vivir es fácil y, a veces, casi alegre.
Al hablar, confundimos; al andar, tropezamos;
al besarnos no existe un solo error posible:
resucitan los cuerpos cantando, y parece
que vamos a cubrirnos de flores diminutas,
de flores blancas, lo mismo que un manzano.

Dulce, dulce mía, ciérrame los ojos,
deja que este aire inunde nuestros cuerpos;
seamos solamente dos árboles temblando
con lo mismo que en ellos ha temblado esta tarde.
Vivir es más que fácil: es alegre.
Por caminos difíciles hoy llego
a la simple verdad de que tú vives.
Sólo quiero el amor, el árbol verde
que se mueve en el aire levemente
mientras nubes blanquísimas escapan
por un cielo que es rosa, que es azul, que es
gris y malva,
que es siempre lo infinito y no comprendo,
ni quiero comprender porque esto basta:
¡amor, amor! , tus brazos y mis brazos
y los brazos ligerísimos del aire que nos lleva,
y una música que flota por encima,
que oímos y no oímos,
que consuela y exalta:
¡amor también volando a lo divino!


Amor de hombre
Mi estricta voluntad, mi punta seca
que está domando en ella
oceánicas pasiones y rumores antiguos. El cauterio que aplico
a esa llaga amorosa que, sin forma, palpita.
Si hiero, mato, engendro.
(Su exánime sonrisa me conmueve y me excita.)
Si la acaricio, mido,
sujeto sus equívocos y todas
las suavidades sumas que a la nada convidan.
Hasta que al fin, en sangre,
en su sólo sí misma,
en mi ir traspasando mis propios sentimientos,
la obtengo, mato, muero.

Amparo-Eszbá
Indecisa y cambiante, ¿eres amor o muerte?
¡Ay, ven, Amparo-Ezbá, que te estoy esperando!
Es la palpitación de origen quien podría
acogerte, y besarte, y ofrecerte un refugio
caliente de jazz-hot y trances convulsivos
como, cuando bailando, se pierde la conciencia.
Ven tú, amorosa, ven como la noche crece,
deseo sin objeto, tú que eres el no-objeto
y el placer imposible que en el límite busca
infinitudes ciegas. ¡Ay, no-tú, Ezbá, no-sí,
sí, ven, Ezbá, indecisa, transparente, inasible,
temblorosa de luces, soñadora, engañosa,
tú, tejido del iris, centelleo, sonrisa
hasta mi dulce llanto y a esos gritos salvajes
que no son el amor, o sí son, o al no ser
te llaman desde el centro del tornasol nocturno,
tiránica, traviesa, fascinante, escapada,
y niña, y absorbente como un vórtice suave,
y riendo, riendo, mortal como un pecado
que no existe mas haces con tu burla que exista,
tan cruel, encantadora, pasajera, incitante,
que líquida, impalpable, movimiento sin móvil,
descubres, deshuesada, la santa realidad!
Entonces flota el mundo casi feliz, dudoso,
y el recuerdo anochece lentísimo en la brisa.
Y tú, nunca creída, y tú, siempre sabida,
te ofreces para nada, te niegas para más,
como un antiguo ensalmo y un susurro al oído,
cuando ya todo duerme, y tú casi nos hablas,
o nos cantas, nos rezas, entonteces con nanas.
¡Oh tú, dime quién eres! ¡Oh Ezba, dime si existes!

Apasionadamente
¡Y tanto, y tanto te amo
que mis palabras mueren
en un rumor de besos sin descanso!
¡Y tanto todavía que mis manos
no te hallan al tocarte!
¡Tanto y tan sin descanso,
que fluyo, y fluyo, y fluyo,
y es solamente llanto!

Aquí están todas las rosas encarnadas del deseo...
¡Aquí están todas las rosas encarnadas del deseo!
Allí la luna, callada,
blanca y estéril, mirando,
espejo vuelto a sí mismo,
su perfección de narciso:
soledad en aguas blancas
de lo blanco quieto y frío.
Dura o sin sangre, tranquila,
de está mirando a sí misma,
mientras rosas encarnadas,
pulpa y amor, carne viva,
bajo una brisa caliente
se desmayan de delicia.
Con los ojos en la luna,
bajo los pies, rosas rojas,
estoy esperando, quieto,
que tú, que yo mismo venga
sigiloso por la espalda,
con la sorpresa de un beso
blanco y verde de silencio,
que tú, que yo mismo venga
con un beso
muerto de puro perfecto.

Cerca y lejos
Más allá del pecado,
indecible, te adoro,
y al buscar mis palabras
sólo encuentro unos besos.
En el pecho, en la nuca,
te quiero.
En el cáliz secreto,
te quiero.
donde tu vientre es combo,
fugitiva tu espalda,
oloroso tu cuerpo,
te quiero.


Como un ave
Un ciervo delicado,
un aire largo,
una forma sonora entre los labios:

tal palabra no dicha...,
así deriva
la sangre acariciando las orillas.

Ese poco de sombra palpitando,
esa manzana
en la ardiente blancura del verano,

tal corazón en el aire,
tales islas cerradas
en la pausa remota de los más claros mares,

y esa luz, esa luz que es tan suave,
esa dulce carena
que resbala en las olas redondas una nave,

ese silencio pasa,
esa paz, la caricia
con larga forma de ave.


Cuéntame cómo vives, cómo vas muriendo
Cuéntame cómo vives;
dime sencillamente cómo pasan tus días,
tus lentísimos odios, tus pólvoras alegres
y las confusas olas que te llevan perdido
en la cambiante espuma de un blancor imprevisto.

Cuéntame cómo vives;
ven a mí, cara a cara;
dime tus mentiras (las mías son peores),
tus resentimientos (yo también los padezco),
y ese estúpido orgullo (puedo comprenderte).

Cuéntame cómo mueres;
nada tuyo es secreto:
la náusea del vacío (o el placer, es lo mismo);
la locura imprevista de algún instante vivo;
la esperanza que ahonda tercamente el vacío.

Cuéntame cómo mueres;
cómo renuncias -sabio-,
cómo -frívolo- brillas de puro fugitivo,
cómo acabas en nada
y me enseñas, es claro, a quedarme tranquilo.


De noche
Y la noche se eleva como música en ciernes,
y las estrellas brillan temblando de extinguirse,
y el frio, el claro frío,
el gran frío del mundo,
la poca realidad de cuanto veo y toco,
el poco amor que encuentro,
me mueven a buscarte,
mujer, en cierto bosque de latidos calientes.

Sólo tú, dulce mia,
dulce en los olores de savia espesa y fuerte,
sin palabras, muy cerca, palpitando conmigo,
sólo tú eres real en un mundo fingido;
y te toco, y te creo,
y eres cálida y suave matriz de realidades,
amante, hermana,- madre,
o peso de la tierra que sólo en ti acaricio,
o presencia que aún dura cuando cierro los ojos,
fuera de mí, tan bella.

Dedicatoria final
Pero tú existes ahí. A mi lado. ¡Tan cerca!
Muerdes una manzana. Y la manzana existe.
Te enfadas. Te ríes. Estás existiendo.
Y abres tanto los ojos que matas en mí el miedo,
y me das la manzana mordida que muerdo.
¡Tan real es lo que vivo, tan falso lo que pienso
que -¡basta!- te beso!
¡Y al diablo los versos,
y Don Uno, San Equis, y el Ene más Cero!
Estoy vivo todavía gracias a tu amor, mi amor,
y aunque sea un disparate todo existe porque existes,
y si irradias, no hay vacío, ni hay razón para el suicidio,
ni lógica consecuencia. Porque vivo en ti, me vivo,
y otra vez, gracias a ti, vuelvo a sentirme niño.


Delicia
Todas las acacias se habían vuelto locas.
Un temblor de hojas leves pasaba por los labios;
y el mundo era sencillo;
y nunca más extraño;
y nunca más hermoso.

Su cuento era mi cuento;
su fábula, mi dulce
de la mano con un niño perdido
marcharme e ir contando distancias (así empiezan los cuentos)
o descansar, oyendo
cómo fluye por dentro de los mundos la nada
con dulces criaturas de ojos vivos
entre árboles líquidos y cabezas de aurora.


Descanso
Con ternura, con paz, con inocencia,
con una blanda tristeza o el cansancio
que viene a ser un perro fiel que acariciamos,
estoy sentado en mi sillón y soy feliz,
y soy feliz
porque no siento la necesidad de pensar algo preciso.

Con una fatiga que no es un desengaño,
con un gozo que no alienta esperanzas,
estoy en mi sillón, y estoy
en algo que quizás sólo es amor.

Sé que floto
y nada me parece sin embargo indiferente;
sé que nada me alegra ni me duele
y que sin embargo todo me enternece;
sé que eso es el amor,
o que quizá solamente es un dulce cansancio;
sé que soy feliz
porque no siento la necesidad de pensar algo preciso.


Desde lo informe
Un dulce llanto espeso,
una delicia informe,
materia que me envuelve y sofoca en magnolias,
suave silencio oscuro,
aliento largo y blando.
Las caricias se espesan
(me derramo por ellas),
y voy por el jardín secreto, murmurando,
y, al tocarte, me asombro de que tengas un cuerpo,
y al alzar la cabeza,
las estrellas me asustan con su dura fijeza.


Deseada
Deseada, ¡tan suave!,
confín donde resbalo.
¡Oh siempre un poco ausente,
suspendida en la nada!
¿Son tus ojos dulces?
No, que está turbado
tu mirar brillante
de anhelos contrarios.
Yo te amo, te amo, te amo,
todo lleno de alas tempestuosas,
y de garras, de furias,
de dolor, por abrirme.
¡Oh, tenme en tu sonrisa,
en tu sombra, en lo leve
de tu mano impalpable!
¡Tenme en tu caricia!
¿A qué llamas cambiando?
¿Qué me pides furtiva?
¡Oh tú, siempre ignorada,
tú siempre antigua y nueva!
Ven más cerca. No temas.
Tu mano tibia tiembla,
tu cintura se atreve
con sobresaltos, mía. ¡Mía, deseada!
Y aún sonríes con ojos
inocentes y raros.
¡Oh, dime! ¿Qué sugieren
tus ojos arcaicos?
Cabelleras, torrentes,
músicas perdidas,
corazón: esa ave
que, cogida, tiembla.
Y tú, esquiva, flotando
desnuda, lenta y suave.
Tú, chiquita, huida
en un cielo sin nadie.
¡Oh dime, deseada,
cómo hay que abrazarte
mientras tu boca expira
en la mía, sin habla!
Di si tu remota
belleza en tu cuerpo
puedo yo apresarla.
Puedo así matarte.
Deseada, ya basta.
Deseada, no puedo.
Deseada, tú quieres
que yo muera contigo.

Despedida
Quizás, cuando me muera,
dirán: Era un poeta.
Y el mundo, siempre bello, brillará sin conciencia.

Quizás tú no recuerdes
quién fui, mas en ti suenen
los anónimos versos que un día puse en ciernes.

Quizás no quede nada
de mí, ni una palabra,
ni una de estas palabras que hoy sueño en el mañana.

Pero visto o no visto,
pero dicho o no dicho,
yo estaré en vuestra sombra, ¡oh hermosamente vivos!

Yo seguiré siguiendo,
yo seguiré muriendo,
seré, no sé bien cómo, parte del gran concierto.


Edificación
He roturado sendas. He derribado troncos.
Los pinos, heridos, olían en vivo
y un sol rojo venia rastreando nuestra hondura
mortal, sobre las landas.

Diminutas orejas en la madera escuchan
su lento crecimiento secular y cansado;
diminutas, mis manos han empuñado el hacha.
Combatiente, me erguían en un claro de tierra.

He derribado troncos. He roturado sendas.
Eso es la Cultura: comabte duro, heroico.
Hay sol rojo, materia, y yo en Dios me edifico,
y el árbol tempestuoso de mi sangre derribo.

Égloga
Rubio, fuerte, manso,
triste sin melancolía
como el mediodía,
lento como la tierra,
toscas las manos que parten
el pan y abarcan el seno
maternal de Ceres,
Menalcas apacienta sus grandes vacas rojas
frente al mar: estupor
de luz en la inmensidad.
¡Oh mar, oh campo, oh bestias!
¡Oh siesta, pesadumbre
del cuerpo poderoso que, ahora, inerte,
se cubre como de una enfermedad de cantos
monótonos y vagos,
mientras la tierra sueña,
muge lenta
como una vaca triste que esperara
la fecunda inquietud de las estrellas,
la sagrada
palpitación escondida,
el amante
nocturno que no dice su nombre!

El niño que ya no soy
Logré el uso de razón.
Perdí el uso del misterio.
Desde entonces, la evidencia,
siempre rara, me da miedo.

Me da miedo cuando ladra
en la perrera mi perro.
Quizá me esté saludando.
Mas no lo entiendo. No entiendo.

El niño que fui recuerda.
Me trabaja como un hueco.
El niño que fui me llama
a gritos con su silencio.

Me he mirado en mis retratos,
de marinera, riendo
con rizos rubios y un aire
impertinente y despierto.

¿Quién eras tú? ¿Qué sabías?
Ahora sólo siento sueño.
Me aturde tu desafío
y tu risa me da miedo.

Ya no puedo, sin romperlos,
atravesar los espejos.
Mi sistema no funciona
como solía. Lo siento.

Si funcionara, quizá
no escribiría estos versos.
Lloraría de otro modo.
Lo diría todo en perro.

Pero me creo que soy
algo más que un niño muerto,
y como estoy medio calvo
me hago bucles con mis versos.


El toque delicado
Si toco en mi dolor, todo lo siento
mío, mío, perdido vagamente.
Si toco en el dolor mas de repente
me vuelvo a las estrellas y a lo bello,
yo siento el corazón que aquí me quema
como un mero detalle en el sistema.


En el fondo de la noche tiemblan las aguas de plata...
En el fondo de la noche tiemblan las aguas de plata.
La luna es un grito muerto en los ojos delirantes.
Con su nimbo de silencio
pasan los sonámbulos de cabeza de cristal,
pasan como quien suspira,
pasan entre los hielos transparentes y verdes.
Es el momento de las rosas encarnadas y los puñales de acero
sobre los cuerpos blanquísimos del frío.

En el fondo de la noche tiembla el árbol del silencio;
los hombres gritan tan alto que solo se oye la luna.

Es el momento en que los niños se desmayan sobre los pianos,
el momento de las estatuas en el fondo transparente de las aguas,
el momento en que por fin todo parece posible.
En el fondo de la noche tiembla el árbol del silencio.

Decidme lo que habéis visto los que estabais con la cabeza vuelta.
La quietud de esta hora es un silencio que escucha,
el silencio es el sigilo de la muerte que se acerca.
Decidme lo que habéis visto.
En el fondo de la noche
hay un escalofrío de cuerpos ateridos.


En ti termino
Este objeto de amor no es un objeto puro;
es un objeto bello, y creo que eso basta.
Bellos son sus brazos, sus hombros, sus senos;
bellos son sus ojos (¡y qué bien me mienten!)
Deseable, me engaña, o furtiva, resbala
suave, suavemente, con física dulzura,
o gravita hacia un centro más secreto que el alma;
o duele con un fuego más real que el cariño.
Si la beso, no hablo; si la toco, no creo;
y me quedo callado mirándola muy cerca,
o me duermo en sus brazos, o me muero en su espasmo,
y en aniquilarme hallo cierto descanso.


España en marcha
Nosotros somos quien somos.
¡Basta de Historia y de cuentos!
¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos.

Ni vivimos del pasado,
ni damos cuerda al recuerdo.
Somos, turbia y fresca, un agua que atropella sus comienzos.

Somos el ser que se crece.
Somos un río derecho.
Somos el golpe temible de un corazón no resuelto.

Somos bárbaros, sencillos.
Somos a muerte lo ibero
que aún nunca logró mostrarse puro, entero y verdadero.

De cuanto fue nos nutrimos,
transformándonos crecemos
y así somos quienes somos golpe a golpe y muerto a muerto.

¡A la calle! que ya es hora
de pasearnos a cuerpo
y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.

No reniego de mi origen
pero digo que seremos
mucho más que lo sabido, los factores de un comienzo.

Españoles con futuro
y españoles que, por serlo,
aunque encarnan lo pasado no pueden darlo por bueno.

Recuerdo nuestros errores
con mala saña y buen viento.
Ira y luz, padre de España, vuelvo a arrancarte del sueño.

Vuelvo a decirte quién eres.
Vuelvo a pensarte, suspenso.
Vuelvo a luchar como importa y a empezar por lo que empiezo.

No quiero justificarte
como haría un leguleyo,
Quisiera ser un poeta y escribir tu primer verso.

España mía, combate
que atormentas mis adentros,
para salvarme y salvarte, con amor te deletreo.

Fecundación
Y si yo te toco, tú eres lo que eres;
y si no te toco,
tú, tranquila, duermes.
Tú, conmigo, todo;
tú, sin mi, perdida;
tú, mujer conmigo,
nada si no nombro.
Y si yo te toco,
palmera que crece,
sonrisas abiertas
que, meciendo, envuelven.
Y si no te toco,
dulzura que pesa,
caes en tu silencio
densamente lenta.


Hasta la muerte
En el paisaje oscuro
oigo tu voz, tu voz,
tu larga voz de espesas
caricias resbaladas,
mojadas y olorosas.
La noche me suspende
en un vuelo pausado
e, inmóvil, pone en vilo
lo que el hombre no entiende:
tu voz, tu voz querida
hundiéndome en lo ausente.
Uno cierra los ojos
(¡me da miedo mirarte!);
uno tiende las manos
-aves heridas y leves-,
y en sus raíces siente
que tú eres y no eres.


La eternidad
La eternidad sólo era
Música de silencios
Y armonía de esferas.

Los ángeles,
Inocentes y crueles,
Pulsaban los resortes aléctricos
Del amor y la muerte.

Sus manos de crital flotaban
En las aguas de las arpas
Y sus ojos sin mirada
Se perdían en los cielos incoloros.

Los ángeles
Jugaban al ajedrez imperturbables,
Movían cartabones y compases,
Tablas de logaritmos,
Magias,
Teorías,
Claves.

Y envueltos en el nimbo celeste
De estas matemáticas ingenuas y tristes
Pronunciaban palabras sin sentido
Con una voz solemne.


La fábula del río
La fábula del río (aquel anciano
de largas barbas verdes, húmedas y antiguas),
la fábula del aire luminoso
(espanto que encabrita los caballos),
la fábula primera en las orillas
de cierta desnudez que el agua siempre anuncia,
escuchaba yo, niño de arcilla roja y tierna.

Escuchaba. La escucho.
Me invades, ¡oh gran voz de una informe presencia!
te siento por mis labios, levantándome, vaga;
te llamo río o veo
maravillosos mundos que sólo son palabras
mientras la calma augusta desciende con la siesta,
y hay juncos, y pereza, blando barro caliente.
¡Mitologías posibles! ¡Infancia mía indemne,
antigua como el mundo y hoy, de pronto, presente!

La noche viene desnuda...
La noche viene desnuda:
senos de luna,
guantes morados.
Con los brazos en alto
ya la estoy esperando.
¡Qué cerca de mi oído
enmudecen sus labios!
¡Amor, amor!
La muerte
me está besando.


La rosa
Es la rosa, risa, rabia;
y en la pompa, encarnada; blanquísima, en la gracia;
y es un torrente loco de cifras arbitrarias:
mil millones, cien ceros,
cascadas de la gloria,
Querubines y Tronos que se ensanchan cantando.

Se desliza, entre tanto, por los filos un miedo,
un largo y manso llanto
que derrumba, insensible, los momentos cuajados
y -lisa lengua- arrastra
su fatiga de siglos húmedos y espesos,
violetas podridas y penas maceradas.

Lo que enciende la rosa,
lo que destruye, abrasa,
lo que engaña y no puede tocarse, pero brilla,
su alegría encarnada,
su muerte deslumbrante,
su apariencia me basta para hacerme dichoso.


Instantanea

(Alderdi-Eder, 19 febrero, 4 tarde)

Tamarindos desnudos perfilados
contra el puro posible de la niebla.

Callando, se oye el mar que rompe lento
en las playas remotas de otros mundos.

Suspenso, el corazón guarda un secreto,
vive allí donde ya no es solo mío.

¡La pura posesión, la nada pura
en lo alto de un latido que no vuelve!


La poesía es un arma cargada de futuro
Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden aquella ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural de los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quiero daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica, qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos.


Las metamorfosis
Al cambiar, me aproximo;
al morir, te adivino,
dios total que persiguen sentimientos informes.

¡Oh dios, dios, nimbo!,
forma tibia latiendo contra el pecho,
peso redondo del toro o de la aurora,
y en mi sangre, secreto,
y en esta sombra, lento,
dulce como morir por los nombres del agua,
por la posible espuma,
la presentida salva
de rosas inmediatas que saltan de sí mismas
y gritan, gritan blancas,
gritan color del aire,
y, sucesivas, gritan y cambian en sí mismas
como un dios cuando parece que se oculta,
como la luz se irisa.

Más allá del pecado
Más allá del pecado,
indecible te adoro,
y al buscar mis palabras,
sólo encuentro unos besos.

Donde tu vientre es combo,
fugitiva tu espalda,
oloroso tu cuerpo,
te quiero.

En el pecho, en la nuca,
te quiero.
En el cáliz secreto,
te quiero.

Cuando el volcán refulge,
y arde lava en la noche,
en tu montaña ardiente,
te quiero.

Más allá de la muerte,
extraño me reavivo,
y al tomarte desnuda
sólo brasas alumbro.

En el pecho, en la nuca,
te quiero.
En el cáliz secreto,
te quiero.

Más allá del pecado
indecible te adoro,
y al buscar mis palabras,
sólo encuentro unos besos.



Masa oscura de llanto
Masa oscura de llanto,
llamando en el vacío remoto y obstinado;
dime tú, nocturno,
dime entre maraña de gritos tu abandono;
di las olas negras y lentas de otra orilla,
y, llanto, sordo llanto,
que, volviendo, murmuras, corazón agolpado
-sofocada magnolia de carne densa y dulce-;
dime, di, nocturno,
pronuncia la palabra de labios apretados,
conjúrame esta angustia
llenando ese vacío que un día y otro abren,
y un día y otro, huecos,
murmuran, corazón, llanto, tarde, mi angustia,
masa oscura latiendo.


Matinal
Un hombre; los caminos;
el viento sin sonido del destino;
y andar libre y ligero entre tormentas
magnéticas y secas.

Se multiplican, crecen,
y, sucesivos, vienen con espuma y clamores
confusiones, muchachas, reposos dulces, largas
cabelleras de llanto que le envuelven temblando.

Frente a un mundo en delirio, él se afirma en su paso.
No acaricia, no duda.
Su soledad heroica
no es un irse perdido por los limbos cantando.

Contempla las montañas en su fuerza y su calma
contempla la mañana pausada y luminosa;
respira, y le parece
que su boca bebe de Dios directamente.

¡Qué cierto, en su absoluto
de gloria y resplandor, el cielo abierto!
¡Qué ciertas, en su calma,
las cosas como son, que son, y basta!


Melodía
Tacto, tibio silbo
que, adelgazado, escapa por lo espeso triunfante,
y aquí tú, melodía,
divina corza inmóvil del otoño en el Norte;
tú, temblor transparente de los tilos desnudos,
mi vida delicada.

Mientras cerca, una lenta fatiga va ensanchando
su olor a flores muertas
y -cabellera- caen, macilentos, los días
amarillos con gusto de papeles mascados,
¡oh tú, con gesto leve,
sencilla, soberana,
la apartas y me ofreces tu incólume sonrisa,
tu siempre primer día,
divina corza inmóvil, melodía!

Momentos felices
Cuando llueve, y reviso mis papeles, y acabo
tirando todo al fuego: poemas incompletos,
pagarés no pagados, cartas de amigos muertos,
fotografías, besos guardados en un libro,
renuncio al peso muerto de mi terco pasado,
soy fúlgido, engrandezco justo en cuanto me niego,
y así atizo las llamas, y salto la fogata,
y apenas si comprendo lo que al hacerlo siento,
¿no es la felicidad lo que me exalta?

Cuando salgo a la calle silbando alegremente
--el pitillo en los labios, el alma disponible--
y les hablo a los niños o me voy con las nubes,
mayo apunta y la brisa lo va todo ensanchando,
las muchachas estrenan sus escotes, sus brazos
desnudos y morenos, sus ojos asombrados,
y ríen ni ellas saben por qué sobreabundando,
salpican de alegría que así tiembla reciente,
¿no es la felicidad lo que siente?

Cuando llega un amigo, la casa está vacía,
pero mi amada saca jamón, anchoas, queso,
aceitunas, percebes, dos botellas de blanco,
y yo asisto al milagro --sé que todo es fiado--,
y no quiero pensar si podremos pagarlo;
y cuando sin medida bebemos y charlamos,
y el amigo es dichoso, cree que somos dichosos,
y lo somos quizá burlando así a la muerte,
¿no es felicidad lo que trasciende?

Cuando me he despertado, permanezco tendido
con el balcón abierto. Y amanece: las aves
trinan su algarabía pagana lindamente:
y debo levantarme, pero no me levanto;
y veo, boca arriba, reflejada en el techo
la ondulación del mar y el iris de su nácar,
y sigo allí tendido, y nada importa nada,
¿no aniquilo así el tiempo? ¿No me salvo del miedo?
¿No es felicidad lo que amanece?

Cuando voy al mercado, miro los abridores
y, apretando los dientes, las redondas cerezas,
los higos rezumantes, las ciruelas caídas
del árbol de la vida, con pecado sin duda
pues que tanto me tientan. Y pregunto su precio,
regateo, consigo por fin una rebaja,
mas terminado el juego, pago el doble y es poco,
y abre la vendedora sus ojos asombrados,
¿no es la felicidad lo que allí brota?

Cuando puedo decir: el día ha terminado.
Y con el día digo su trajín, su comercio,
la busca del dinero, la lucha de los muertos.
Y cuando así cansado, manchado, llego a casa,
me siento en la penumbra y enchufo el tocadiscos,
y acuden Kachaturian, o Mozart, o Vivaldi,
y la música reina, vuelvo a sentirme limpio,
sencillamente limpio y, pese a todo, indemne,
¿no es la felicidad lo que me envuelve?

Cuando tras dar mil vueltas a mis preocupaciones,
me acuerdo de un amigo, voy a verle, me dice:
"Estaba justamente pensando en ir a verte."
Y hablamos largamente, no de mis sinsabores,
pues él, aunque quisiera, no podría ayudarme,
sino de cómo van las cosas en Jordania,
de un libro de Neruda, de su sastre, del viento,
y al marcharme me siento consolado y tranquilo,
¿no es la felicidad lo que me vence?

Abrir nuestras ventanas; sentir el aire nuevo;
pasar por un camino que huele a madreselvas;
beber con un amigo; charlar o bien callarse;
sentir que el sentimiento de los otros es nuestro;
mirarse en unos ojos que nos miran sin mancha,
¿no es esto ser feliz pese a la muerte?
Vencido y traicionado, ver casi con cinismo
que no pueden quitarme nada más y que aún vivo,
¿no es la felicidad que no se vende?


Morir
¡Ay tú, siempre lejana!
(Tu cuerpo poseído
me parece aún intacto.)
¡Ay, tu sonrisa esquiva!
¡Ay, tus palabras vagas!
Todo tan sin sentido
(adorable, imposible!)
que no eres tú, no es nada,
es la nada lo que amo
revestida de luces
que en suave piel resbalan.
Desnúdate, ¿qué importa?
Ya sólo sé morirme
y no mirarte. Canto
cierto nácar cambiante,
deseo con mil nombres
que aquí brilla variando,
ternura, o llanto, o dicha,
o -querida, querida, querida-
no saber qué se dice,
morir tu misma muerte,
rozarte así imposible.


Mujer
Esas nubes amadas se hacen al fin estatuas.
Si acaricio, doy forma
y, en el azul, desnuda como una diosa antigua,
estás tú, solo bella.

Mas si viene la noche,
si una brisa te envuelve dulcemente asfixiante,
vuelves al mar confuso donde tornaste origen,
ola fresca y sonora que rompe alegremente,
toda rubia, y luego
ancha y derrarnada
como una madre llega ya al fin de las palabras,
sonríe piadosa.

Ni más ni menos
Son tus pechos pequeños,
son tus ojos confusos,
lo que no tiene nombre
y no comprendo, adoro.
Son tus muslos largos
y es tu cabello corto;
lo que siempre me escapa
y no comprendo, adoro.
Tu cintura, tu risa,
tus equívocos locos,
tu mirada que burla
y no comprendo, adoro.
¡Tú que estás tan cerca!
¡Tú que estás tan lejos!
Lo que beso, y no tengo,
y no comprendo, adoro.


Ninfa
Se detiene en el borde del abismo y escucha,
viniendo desde el fondo, rampante, dulce, densa,
una serpiente alada, una música vaga.

Escapa por la suave pereza de su carne
que en el fondo era fango,
era ya tibia, y lenta, y latente, y sin forma;
era como el dios de gran barba dormido
junto al río en la siesta,
junto a ella en la noche
carnal y sofocada de.junio con olores.

Y escucha temblorosa,
apaga una tras otra penúltimas preguntas,
y duerme, se hunde, duerme
en brazos de un gran dios de pelo duro y rojo,
divino Pan: un dios
hecho bestia que huele.

Penúltimas palabras
Mientras las estrellas brillan temblorosas,
te diré una palabra sencilla y antigua,
palabra siempre dicha, pero nunca entendida,
palabra que tan sólo de tú a tú comprendemos:
Te amo.
La noche vasta ensancha tu dulce presencia.
Secretamente te hablo retorciendo mi angustia.
Secretamente sufro por algo prohibido
y es sencillo y terrible como tú si me miras:
Te amo.
La muerte sólo brilla con tranquilas estrellas.
Sus párpados son lentos; su silencio es antiguo;
sus manos que no tocan me adivinan en sombra;
su gloria es un secreto.
Regia amante nocturna de senos glaciales,
cielo de la hermosura más allá de mi dicha
y mi amor, y mi canto, y mi vuelo más loco,
¡también yo he de callarme!

Perdido de amor
La fatiga, la inmensa
fatiga de los días repetidos.
(Toda alegría supone
algo de heroísmo.)
Admirable enemiga,
de ti nazco sufriendo.
(Arder: Así me miento
un alma iluminada.)
Y vivo de la muerte
que me das sonriendo,
y muero en la dulzura
de tu vago silencio.
Amada, amada mía,
alta llama en el tiempo,
tú creas melodías
con pausas y secretos.
Y el hastío se alarga
de pronto en formas dulces,
y los días se nombran
según un sentimiento.

Porque sí
Pececito esquivo,
caballito que monto,
delicia que no nombro,
y quiero, quiero, quiero.
Cuando te beso, acierto;
cuando te toco, creo;
si te acaricio mido
mi infinito deseo.
Mas te prolongas lejos;
eres más, eres lo otro,
lo que nunca apreso
aunque te toco y beso.
siempre un poco esquiva,
siempre resbalada,
tú, que nunca entiendo,
y quiero, quiero, quiero.

Posesión
Si el sol sale, zumba, truena
como un dios antiguo de la luz poderosa,
hermoso, con sus barbas floridas y sus muslos
morenos, duros, recios,
también yo soy mujer,
también me abro en espasmo, pues eso es hacer versos:
llorar mientras resbalo por caricias y ríos
de sombra espesa y dulce.


Primer día del mundo
Lo proclama la lluvia en primavera,
los bosques resonando,
el canto que se alarga en corazón sin forma,
y el mar, el mar, el mar
que golpea con pausa solemne la nada.
Los proclaman en playas sin gemido y sin viento,
las olas siempre solas,
las olas que se forman como nacen los mundos,
su atmósfera de origen,
su retumbo viniendo por el cóncavo espacio.

Unos labios ausentes en la orilla invocaban
los nombres de los dioses, los nombres de las cosas,
y ya casi sonaban,
soñaban contra el mundo,
toro que estrangulan largas melodías.

¡Oh voz innumerable! -corazón, corazón-,
dentro de mí desatas las olas sin destino,
la nada pura y libre,
el aire limpio y vivo,
la alegría terrible de unos dioses marinos.


¿Quién eres?
Con cambiarte de traje, te cambio también de alma.
( No adivinas mi angustia. No sé casi quién eres. )
Si te revuelvo el pelo tú ríes locamente
mientras a mí me duele sentirte tan informe.
Tanto puedo variarte que no sé ya que quiero.
Tú puedes serlo todo. Tú eres la misma nada.
Y te ríes, y acaso, si tus labios me buscan
son solo una medusa de silencio anhelante.


Salpicada de espuma, de salitre...
Salpicada de espuma, de salitre,
desnuda, desde el mar,
viene gritando:
La vida, sí, la vida misma:
¡Un delirio por los prados!
Desde mi ventana blanca,
con los brazos extendidos,
la estoy llamando con voces
de un ardor desmelenado.
Salpicada de espuma, de salitre,
desnuda, por los campos,
va gritando.
¡La vida, sí, la vida misma!
Pálido y alto, callado,
la mira pasar llorando.


Siembra
Revientan las simientes de blancura encerrada
y, en mis dedos, se enredan sus largos filamentos,
su inacabable urdimbre de posibles concretos.

Nuestros pasos se siguen.
Y el amor, y los días
con pies pequeños cuentan los granos escondidos
que caen con ancho brillo,
con ancho olor a campo,
con ancho femenino y verde rubio.


Silbo
Delicia azul del silbo que me escapa, tan dulce,
en ese bosque antiguo;
o, prosiguiendo, lenta
extensión de caricias en la carne secreta.

Las ramas sobre el río y ese poco de sombra
(mi corazón descansa);
las suavidades sumas de un agua que se estira
(o se comba: delicia).

¡Qué mundo antiguo y cierto,
pequeñito, viviendo
dentro de mí su vida,
su río, bosque o silbo!

Mi corazón lo calla;
pero el bosque, si canto, prolonga mi dulzura,
y el río, mis palabras,
y el silbo, el lento azul de un mundo pensativo.

Tau-l
La bonita mentira de cada día
no engaña a nadie, pero ayuda a vivir, y exalta.
No pido más.

Amanece inundando.
Los pájaros cantores
cierran los circuitos eléctricos del día.
¡Es la belleza, es la vida!
La cabeza se enciende como una bombilla
a unos doscientos voltios de normal poesía.
¿Es la belleza? No sé.
Es el mundo habitual de la pereza
donde mis números sirven,
mis distancias miden,
mis ideas cuentan,
no se funde el aparato que en mí versifica.
¿Es la vida?
Sé que hay otra
más real, más escondida, menos mía,
pero ésta es mi alegría, mi mentira,
y los átomos me dejan de momento
que viva en mi fantasía,
es decir, en lo vulgar
del día que es tan sólo un cada día
sin más, normal,
fabulosamente real.


Tú que solo eres tú
Mi vicio, mi locura, mi alegría,
¡todavía muchacha!
Mi nunca suficientemente amada,
cámbiame los ojos si así quieres,
pónmelos de ira.
Es lo mismo. Me das vida.


Tus gritos y mis gritos en el alba...
Tus gritos y mis gritos en el alba.
Nuestros blancos caballos corriendo
con un polvo de luz sobre la playa.
Tus labios y mis labios de salitre.
Nuestras rubias cabezas desmayadas.
Tus ojos y mis ojos,
tus manos y mis manos.
Nuestros cuerpos
escurridizos de algas.
¡Oh amor, amor!
Playas del alba.

Un día entre nosotros
Yo me siento. Tú te sientes. Nos sentimos,
estamos juntos. Somos
terriblemente dichosos,
como el cielo siempre azul, como el espanto,
como la luz que es la luz,
como el espacio.

Si ahora me preguntaran por qué estoy tan contento,
diría: «Porque soy.»
Y al decirme sería un poco menos.
Si tratara de explicarme surgirían como sierpes
desenvueltas y en combate mis ambiguos sentimientos.
Pero soy solo. Sí. Soy. Te creo.

Estas aquí, en mí mismo.
Ni te veo, ni te pienso, ni te beso, ni te sueño.
Sólo estás. Estoy contigo. Yo, a tu lado, Tú conmigo.
Estamos uno en otro, tan reales
que con ser poco, ese poco es ya bastante.
Estamos en lo que somos, de puro simples, totales.

Estamos donde siempre, callados. No hay motivo
razonable para ser tan ferozmente dichosos.
Pero sacan el porrón de vino, las chuletas,
la ensalada, el Cacciotta ricamente podrido,
el jugo de naranja, los cafés, la ginebra.
Estamos juntos y todo nos sabe por eso a fiesta.

Soy feliz, ¡tan feliz!
Si ahora me levantara saldría por el techo.
Estoy, como se dice vulgarmente, contento.
Vivo, vivo, y contigo
comprendo que vivir es algo muy sencillo.
El corazón ha abierto su mano y yo deliro.

Me dejo estar. Te quiero. Todo es bello.
Irradio una certeza fulminante.
Soy el alguien tremendo que en ti se basta a sí mismo.
Soy mi absoluta presencia (¿qué pasa?)
que está aquí (¡perdón, nada!).
Soy contigo y tú conmigo, el imán de los prodigios.

¿Quién creería si nos viera que cada día, obtusa,
la desgracia del mundo de fuera nos arrastra?
¡Amor besa mi muerte! ¡Dolor, sé voluptuoso!
¡Oh tú, Necesidad, pon la burla en mis ojos
y en pecho ese ritmo de la paz y la guerra
que son a una el latido fatal de la belleza!

¡Ahora, mi ahora mismo,
sé límpido y valiente, la alegría ganada
a los monstruos informes, y a lo triste sin alma!
¡Oh tú, mi yo más bello, mi más que yo, mi amada,
manténme con tus ojos suspenso, nunca grave,
y sea siempre magia la vida cotidiana!


Venus
En la alcoba sombría,
entre fríos basaltos,
el vientre monumental y luminoso
de una estatua de mármol.
La lluvia adormecía los secretos
y pulsaba tensas cuerdas
en el arpa del silencio,
mientras un ángel, envuelto
en un nimbo deslumbrante de misterio,
acariciaba con un gesto indiferente
los senos de las diosas.
A los pies de una Venus
caían estranguladas las palomas.
El amor desnudo y frío
dormía sobre los filos enlunados
de diez brillantes cuchillos.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Un pasito hacia delante, ocho pasitos hacia atrás

Quizá haya sido un sueño. Simplemente, un espejismo, aunque juraría que tus ojos me volvieron a mirar brillantes. Tal vez me equivoqué o equivoqué el aire, pero después del silencio a través del tiempo, del vacío instalado en mi vida, de ver que gritaba inútilmente, he decidido volver a reorganizar mi cuerpo y colocar cada órgano en su sitio, bajar el ritmo cardiaco a un proceso de hibernación, recolocar la cabeza con todas esas ideas que pululaban por ahí y alimentaban sueños (estúpidas ellas) y tatuarme esta frase a fuego, porque es cierta,

“Tú ya no me quieres”.

miércoles, 13 de julio de 2011

Sola


Empieza a asumir que se quedará sola y no le da miedo, quizá tristeza, pero el problema está en ella. Le quiso demasiado y ahora no va a ser capaz de querer, ni de que la quieran. No es malo del todo, se evitará sufrimientos inútiles y discusiones. Evitará los celos y los problemas. Evitará que la vuelvan a besar, total, ni recuerda cómo se hacía. Nadie le dará su mano ni verá una película recostada en la persona a la que ama. No habrá nada de eso, pero tampoco habrá dolor. Hay que ser realistas, no pone las cosas fáciles, y ella no es un bocadito apetecible.
Son tantos años los que quedan que una se acostumbra a sentirse vacía aunque de momento el aburrimiento sólo se ha instalado en su casa a medias. La imaginación al poder le da esa compañía que no necesita.
No habrá tampoco ilusión por llamadas de teléfono pero menos todavía nervios por saber qué ponerse en una cita. No tendrá más citas en toda su vida, ella me encargará de eso. Antes de sentirse rechazada una vez más, mejor no dar ni siquiera la oportunidad.
Así que se quedará sola pero sin miedo a perder, porque ya no queda nada por perder. No volverá a mirar a los ojos de la persona amada mientras hace el amor pero puede no preocuparse por si está depilada o no.
Nadie le abrazará en las noches de pesadilla aunque a cambio tenga una cama enorme donde puede dormir incluso tumbada de forma horizontal.
No tiene que preocuparse de regalos de san Valentín, cumpleaños, aniversarios, en si les caerá bien a su familia y amigos o si a sus mascotas, si es que tuviera. Y tampoco será un quebradero de cabeza planear unas vacaciones, tampoco podrá visitar la mayoría de las ciudades para no recordar a un antiguo amor, así que eso no se lo pierde.
No mirará viejas fotos en las que formó parte de algo más grande que dos personas juntas ni se compadecerá de sí misma, simplemente, asume que se quedará sola.
En su cabeza será todo como ella quiere, así que mejor dejarse seducir por una locura muy, muy dulce que le da lo que necesita y le habla. Por eso no le da miedo.

viernes, 17 de junio de 2011

36 novelas del siglo XIX a elegir. Una buena compañía para el verano

El otro día encontré esta lista creada por un usuario llamado erikraul en la página del periódico 20 Minutos en su versión digital y me pareció que estaba muy bien y podía resultaros interesantes. Todo son obras del siglo XIX y me apuesto lo que queráis a que aunque sólo sea por el nombre las conocéis todas o casi todas. Yo ya me las he leído menos un par de ellas y os puedo asegurar que me encantan. Tenéis de terror, de aventuras, realistas, dramas… vamos, que por diferentes géneros no será. Así que ahora que se acerca el veranito, ya sabéis, acercaos a alguna biblioteca y que os acompañe en la piscina o en el parque (o en la terracita). Eso sí, agradecería que me dijerais qué os han parecido, ¿trato?

1. El Conde de Montecristo (Alejandro Dumas)

El conde de Montecristo es una novela de aventuras clásica de Alexandre Dumas, padre. Se suele considerar como el mejor trabajo de Dumas, y a menudo se incluye en las listas de las mejores novelas de todos los tiempos. El libro se terminó de escribir en 1844, y fue publicado en una serie de 18 partes durante los dos años siguientes.
La historia tiene lugar en Francia, Italia y varias islas del Mediterráneo durante los hechos históricos de 1814–1838 (Los Cien Días del gobierno de Napoleón I, el reinado de Luis XVIII de Francia, de Carlos X de Francia y el reinado de Luis Felipe I de Francia). Trata sobre todo los temas de la justicia, la venganza, la piedad y el perdón y está contada en el estilo de una historia de aventuras.
Dumas obtuvo la idea principal de una historia real que encontró en las memorias de un hombre llamado Jacques Peuchet. Peuchet contaba la historia de un zapatero llamado François Picaud que vivía en París en 1807. Picaud se comprometió con una mujer rica, pero cuatro amigos celosos le acusaron falsamente de ser un espía de Inglaterra. Fue encarcelado durante siete años. Durante su encarcelamiento, un compañero de prisión moribundo le legó un tesoro escondido en Milán. Cuando Picaud fue liberado en 1814, tomó posesión del tesoro, volvió bajo otro nombre a París y dedicó diez años a trazar su exitosa venganza contra sus antiguos amigos.
2. Orgullo y Prejuicio (Jane Austen)

Orgullo y prejuicio es la más famosa de las novelas de Jane Austen. Se publicó por primera vez el 28 de enero de 1813 como una obra anónima, sin que figurara el nombre de su autora. Es una de las primeras comedias románticas en la historia de la novela y su primera frase es una de las más famosas en la Literatura inglesa "Es una verdad universalmente reconocida que todo hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita esposa".
Es una novela de desarrollo o educación personal, en la que las dos figuras principales, Elizabeth Bennet y Fitzwilliam Darcy, cada uno a su manera y, no obstante, de forma muy parecida, deben madurar para superar algunas crisis, aprender de sus errores para poder encarar el futuro en común, superando el orgullo de clase de Darcy y los prejuicios de Elizabeth hacia él.
El tema de una historia amorosa con final feliz, el tratamiento que le da y las expectativas del lector actual respecto a la literatura aseguran aún una gran atención a esta novela de hace dos siglos. Es una de las obras más conocidas de la literatura inglesa, gracias a innumerables ediciones, algunas películas (como Orgullo y prejuicio, de 2005), e incluso su reescritura en forma de un musical de Broadway (1959).
3. El Retrato de Dorian Gray (Oscar Wilde)

El retrato de Dorian Gray es una novela que escribió el autor irlandés Oscar Wilde, publicada en el Lippincott's Monthly Magazine el 20 de junio de 1890. Posteriormente, Wilde revisaría la obra, haría varias modificaciones y agregaría nuevos capítulos. La versión modificada fue publicada por Ward, Lock, and Company en abril de 1891. Ward, Lock, and Company reeditó el libro en 1891 y nuevamente en 1895". Luego, Charles Carrington compró los derechos de la obra y la editó en 1901, 1905 y 1908. En 1908 y 1909, aparece una edición ilustrada por Paul Thiriat, Brendon & Son, Ltd. En 1913, 1916 y 1918, la novela es editada por Simkin, Marshall, Hamilton, Kent & Co., Ltd., con una nota bibliográfica sobre las ediciones citadas y una advertencia sobre la existencia de ediciones piratas que se caracterizaban por la ausencia del prefacio y por la "mutilación de muchos pasajes".
El Retrato de Dorian Gray es considerada una de las últimas obras clásicas de la novela de terror gótica con una fuerte temática faustiana. El libro causó controversia cuando fue publicado por primera vez; sin embargo, es considerado en la actualidad como "uno de los clásicos modernos de la literatura occidental."
4. Dracula (Bram Stoker)

Drácula (Vlad Draculea) es el protagonista de la novela homónima del irlandés Bram Stoker, de 1897, que dio lugar a una larga lista de versiones de cine, cómics y teatro. Drácula es el más famoso de los «vampiros humanos». Se dice que Stoker fue asesorado por un erudito en temas orientales, el húngaro Hermann (Arminius) Vámbéry, que se reunió algunas veces con el escritor para comentarle las peripecias del verdadero Drácula.
En el año 1890, el joven abogado Jonathan Harker viaja a un castillo perdido de Transilvania, donde conoce al conde Drácula, que en 1462 perdió a su amor Elisabeta. El Conde, fascinado por una fotografía de Mina Murray, la novia de Harker, que le recuerda a su Elisabeta, viaja hasta Londres "cruzando océanos de tiempo" para conocerla. Ya en Inglaterra, intentará conquistar y seducir a Lucy, la mejor amiga de Mina.
5. Alicia en el pais de las maravillas (Lewis Carroll)

Alicia en el país de las maravillas, es una obra de literatura creada por el matemático, sacerdote anglicano y escritor británico Charles Lutwidge Dodgson, bajo el más conocido seudónimo de Lewis Carroll. El cuento está lleno de alusiones satíricas a los amigos de Dodgson, la educación inglesa y temas políticos de la época. El país de las maravillas que se describe en la historia es fundamentalmente creado a través de juegos con la lógica, de una forma tan especial, que la obra ha llegado a tener popularidad en los más variados ambientes, desde niños o matemáticos hasta psiconautas.
En esta obra aparecen algunos de los personajes más famosos de Carroll, como el Conejo Blanco, el Sombrerero, el Gato de Cheshire o la Reina de Corazones; quienes han cobrado importancia suficiente para ser reconocidos fuera del mundo de Alicia.
Sólo se conservan 23 copias de la primera edición de 1865, de las cuales 17 pertenecen a distintas bibliotecas, estando las restantes en manos privadas. El libro tiene una segunda parte, menos conocida, llamada A través del espejo y lo que Alicia encontró allí. Varias adaptaciones cinematográficas combinan elementos de ambos libros.
La obra ha sido traducida a numerosos idiomas, incluido el esperanto. En 1998, un ejemplar de la primera edición del libro fue vendido en subasta por la suma de 1,5 millones de dólares, convirtiéndose así en el libro para niños más caro hasta ese momento.
6. Cumbres Borrascosas (Emily Bronte)

Cumbres Borrascosas es la única novela de Emily Brontë. Fue publicada por primera vez en 1847 bajo el seudónimo de Ellis Bell. Su hermana Charlotte editó una segunda edición póstuma.
Aunque ahora se considera un clásico de la literatura inglesa, el recibimiento inicial de Cumbres Borrascosas fue tibio en el mejor de los casos. Su estructura innovadora, que se suele comparar con un conjunto de muñecas de Matryoshka, desconcertó a los críticos cuando apareció. Algunos críticos contemporáneos a la autora incluso pensaron que éste era un trabajo anterior, menos maduro, de Charlotte Brontë (que había publicado Jane Eyre ese mismo año bajo el seudónimo de Currer Bell). Las críticas posteriores revisaron esta visión, y coincidieron en que la originalidad de Cumbres Borrascosas excedió a la de los trabajos de sus hermanas Charlotte y Anne.
Cumbres Borrascosas ha dado lugar a muchas adaptaciones, incluyendo varias películas, dramatizaciones radiofónicas y televisivas, un musical y una de las canciones más exitosas de Kate Bush.
7. La Isla del Tesoro (R.L. Stevenson)

La isla del tesoro es una novela de aventuras escrita por el escocés Robert Louis Stevenson, publicada en libro en Londres en 1883 (publicada originalmente por entregas en la revista infantil 'Young Folks', entre 1881 y 1882 con el título de The Sea Cook, or Treasure Island).
Esta obra ha sido fuente de inspiración en el cine, en la televisión, en la literatura, en cómics e incluso en videojuegos.
La novela adopta un tono crítico y una reflexión moral del protagonista hacia el dinero y la ambición.
8. Los Tres Mosqueteros (Alejandro Dumas)

Los tres mosqueteros es una novela del escritor francés Alexandre Dumas. En esta historia se relatan las aventuras de un joven llamado D'Artagnan, después de salir de su casa para convertirse en un mosquetero. D'Artagnan no es uno de los mosqueteros del título; sino que estos son sus amigos Athos, Porthos, y el jesuita Aramis.
La historia de D'Artagnan se continúa en Veinte años después y El vizconde de Bragelonne. Esas tres novelas de Dumas juntas se conocen como La novelas de D'Artagnan.Los tres mosqueteros fue publicada por primera vez en forma de series para la revista Le Siècle entre marzo y julio de 1844.
9. Viaje al Centro de la Tierra (Julio Verne)

Viaje al centro de la Tierra es una novela de Jules Verne, publicada el 25 de noviembre de 1864, la más imaginativa y la menos científica de sus obras, que trata de la expedición de un profesor de mineralogía, su sobrino y un guía al interior del globo.
El profesor alemán Otto Lidenbrock descubre un escrito cifrado de Arne Saknussemm (basado en la figura de Arne Magnussen, un escritor y recopilador de sagas nórdicas), un sabio islandés del siglo XII, quien afirma haber llegado al centro de la Tierra.
El profesor Lidenbrock pretende seguir los pasos de Saknussemm y emprende una expedición acompañado por su escéptico sobrino Axel y el impasible guía islandés Hans.
El grupo ingresa por un volcán hacia el interior del globo terráqueo, en donde vivirán innumerables peripecias, incluyendo el asombroso descubrimiento de un mar interior y un mundo mesozoico completo enterrado en las profundidades así como la existencia de iluminación de carácter eléctrico.
10. Dr. Jekyll y Mr. Hyde (R.L. Stevenson)

El doctor Jekyll y míster Hyde, es una novela escrita por Robert Louis Stevenson y publicada por primera vez en inglés en 1886, que trata acerca de un abogado, Gabriel John Utterson, que investiga la extraña relación entre su viejo amigo, el Dr. Henry Jekyll, y el misántropo Edward Hyde.
El libro es conocido por ser una representación vívida de la psicopatología correspondiente a un desdoblamiento de personalidad. Fue un éxito inmediato y uno de los más vendidos de Stevenson. Las adaptaciones teatrales comenzaron en Boston y Londres un año después de su publicación y aún hoy continúa inspirando películas e interpretaciones interesantes.
11. Los Miserables (Victor Hugo)

Los Miserables es una de las novelas más conocidas del siglo XIX. Publicada en el año 1862, esta obra romántica fue escrita por el novelista francés Victor Hugo. La novela transcurre en Francia, en ambientes rurales y capitalinos. Narra las vidas y las relaciones de varios personajes durante un periodo de veinte años, a principios del siglo XIX, en los cuales transcurren las Guerras Napoleónicas. Principalmente se centra en los esfuerzos del protagonista, el ex-presidiario Jean Valjean, por redimirse, pero también analiza el impacto de las acciones de Valjean a través de reflexiones sobre la sociedad. La obra razona sobre la naturaleza del bien, el mal, la ley a través de una historia que abarca y expone la Historia de Francia, la arquitectura de París, la política, la ética, la justicia, la religión, la sociedad y las clases y la naturaleza del amor romántico y familiar. Victor Hugo se inspiró en Eugène François Vidocq, delincuente que acabó siendo policía y creador de la Sûreté Nationale francesa, para la creación de los dos personajes principales de la novela. Los miserables es muy conocida por sus numerosas adaptaciones para la pantalla y el teatro, de las cuales, la más famosa es el musical para teatro del mismo nombre.
Se trata de una novela que permite al lector acercarse a la historia de la Francia contemporánea a Victor Hugo, incluyendo directa o indirectamente varias partes de ésta, como la Revolución Francesa de 1789 (y sus etapas propias: el Terror, el Directorio, el golpe de Brumario), el imperio Napoleónico, la Restauración con Luis XVIII y Carlos X y la Revolución de Julio que transfirió el poder a Luis Felipe de Orleans. Cabe destacar igualmente su análisis de instrumentos, acontecimientos y estereotipos de los sucesos históricos mencionados, así como de antiguos dirigentes de la Convención, los emigrados e incluso de la guillotina. Víctor Hugo mantuvo a lo largo de toda su vida, también en Los miserables, una firme oposición a la pena de muerte y la obra es considerada como una defensa de los oprimidos en cualquier tiempo y lugar.
12. La Vuelta al Mundo en 80 Dias (Julio Verne)

La vuelta al mundo en 80 días del francés Jules Verne, fue publicada en Le Temps del 6 de noviembre de 1872 (número 4225) al 22 de diciembre de 1872 (número 4271) el mismo año en que se sitúa la acción y de manera integra el 30 de enero de 1873.
Las peripecias del inglés Phileas Fogg y de su ayudante Juan Passpartout constituyen uno de los relatos más cautivantes producido por la imaginación humana, y una de las joyas de la literatura de todas las épocas.
El viaje narrado comienza el 2 de octubre de 1872. Phileas Fogg, acompañado de su criado, trata casi todo el viaje de pisar exclusivamente territorio británico; cosa no muy complicada gracias a que el Imperio Victoriano inglés se encontraba en el período de máxima expansión.
Su viaje siguió el itinerario previsto en el The Daily Telegraph y que supuso la base para la apuesta.
13. Crimen y Castigo (Fiodor Dostoievsky)

Crimen y castigo es una novela de carácter psicológico escrita por el autor ruso Fiódor Dostoievski. Fue publicada por primera vez en un diario llamado El mensajero ruso, en 1866, en doce partes, y publicada después como novela. Junto con Guerra y paz de León Tolstoy, se considera que la novela es una de las más influyentes e internacionales de la literatura rusa. Asimismo, los dialogos mantenidos entre el protagonista, Raskólnikov, y el inspector de policia, son considerados por algunos autores, como el prestigioso literato Stefan Zweig, una de las cimas de la literatura universal.
Crimen y castigo gira en torno a Rodion Raskolnikov.El protagonista es un estudiante que apenas tiene para sobrevivir, ni siquiera a través de los esfuerzos de su madre (Pulqueria) y su hermana Dunia. Rodión se indigna con Dunia porque quiere casarse con un comerciante, y él sabe que el matrimonio es por interés, para ayudar a Rodión. Así que tiene la idea de matar y robar a una vieja usurera despiadada que guarda mucho dinero en su casa.
Raskolnikov se ve obligado a asesinar también a la hermana de la Usurera Aliona Isabel, ya que lo sorprende en el lugar del crimen. Pronto la policía se pone a investigar el caso. El protagonista como persona que usó los servicios de la usurera, es interrogado por el comisario, que sospecha de él como uno de los autores e intenta sorprenderlo con preguntas. Ello inquieta mucho a Rodión.
El crimen deja a Rodión en gran confusión, se debate consigo mismo sobre si su acción ha sido buena o mala. Confiesa a su amiga Sonia, una muchacha pobre pero buena, las razones de su crimen.
Además de confesarle a Sonia, Rodión se lo dice a su hermana Dunia. Abrumado por las dudas sobre su acto, presionado por las dos mujeres para que se entregue y acosado por la policía, Rodión no aguanta más y se entrega, es enviado por su condena a trabajar a Siberia. Sonia visita a Rodino hasta cumplir su condena de 7 años.
14. Oliver Twist (Charles Dickens)

Oliver Twist es la segunda novela del autor inglés Charles Dickens. Se publicó originalmente como novela por entregas de aparición mensual en la revista Bentley's Miscellany, entre febrero de 1837 y abril de 1839. En un principio, el autor tenía la intención de que formase parte de una obra más extensa, The Mudfog Papers. Todas las entregas llevaban como ilustración un grabado de George Cruikshank.
Es la primera novela en lengua inglesa que tiene a un niño como protagonista y es también destacable por su escasamente romántico tratamiento del mundo de los criminales y sus sórdidas vidas. El libro lleva el subtítulo de The Parish Boy's Progress, una alusión tanto a The Pilgrim's Progress de John Bunyan como a dos populares caricaturas dieciochescas de William Hogarth, "A Rake's Progress" y "A Harlot's Progress".
Oliver Twist es una de las primeras novelas sociales de la historia de la literatura. Llama la atención a sus lectores sobre varios males sociales de la época, como el trabajo infantil o la utilización de niños para cometer delitos. Dickens se burla de la hipocresía de su época tratando estos temas tan serios con sarcasmo y humor negro. La novela pudo haber sido inspirada por la historia de Robert Blincoe, un huérfano cuyo relato sobre la dureza de su vida como trabajador infantil en un molino de algodón tuvo una gran difusión en la década de 1830.
Ha sido adaptada en numerosas ocasiones para el cine, la televisión y el teatro musical. Se ha traducido a numerosas lenguas.
15. Madame Bovary (Gustave Flaubert)

Madame Bovary, novela del realismo, escrita por Gustave Flaubert, que provocó controversia en Francia cuando fue publicada en 1857.Sin embargo es considerada según algunas encuestas como la segunda mejor obra lingüística de la historia, además en la actualidad, se considera como una de las novelas que dieron principio a la narrativa moderna.
La acción transcurre en un pueblo llamado Tostes. Origen pequeño, burgués y rural de Charles Bovary. Lugar donde Charles vive su infancia y es influenciado por su madre en temperamento y educación. Charles se recibe a fuerza de empeño como médico y su madre le casa con la viuda Heloise, de aparente buena dote. Conoce a Emma Rouault, hija de un paciente, de la que prontamente se enamora. La mujer de Charles muere súbitamente y Charles a instancias del padre de Emma se casa con ella en medio de una exuberante fiesta campestre. Al poco tiempo son invitados a una fiesta de la alta sociedad en donde Emma puede comparar ese estilo de vida que siempre habia querido con el que tiene. Emma se desencanta y literalmente enferma de la sencilla y llana vida que le ofrece su nada romántico marido...
16. Frankenstein (Mary Shelley)

Frankenstein (título completo: Frankenstein o el moderno Prometeo) es una obra literaria de la escritora inglesa Mary Wollstonecraft Shelley. Publicado en 1818 y enmarcado en la tradición de la novela gótica, el texto explora temas tales como la moral científica, la creación y destrucción de vida y la audacia de la humanidad en su relación con Dios. De ahí, el subtítulo de la obra: el protagonista intenta rivalizar en poder con Dios, como una suerte de Prometeo moderno que arrebata el fuego sagrado de la vida a la divinidad. Fue el primer texto del género ciencia ficción.
Frankenstein está compuesta por tres narraciones concéntricas. En la primera, Robert Walton cuenta a su hermana, en sus cartas, su viaje al Polo Norte. En una de esas cartas se inserta la narración de Víctor Frankenstein a Walton, que incluye a su vez la narración del monstruo a Víctor Frankenstein. Su estructura, de cajas chinas, responde al género epistolar tan de moda en el siglo XVIII.
Víctor Frankenstein es el moderno Prometeo, el protagonista que recibe el fuego de la vida y que es capaz de crear, muy a su pesar, un monstruo sin nombre. "Durante casi dos años había trabajado infatigablemente con el único propósito de infundir vida a un cuerpo inerte. Para ello me había privado de descanso y de salud", confiesa Víctor.
El monstruo que nace de la materia inerte va transformándose en ser humano a medida que adquiere el lenguaje. Se le menciona en la obra como "engendro", "monstruo", "aquel ser", "la criatura", "horrendo huésped", "demoníaco ser"... y, aunque nace inocente, su soledad y el horror y el desprecio que produce su contemplación a las demás personas le van convirtiendo en un ser brutal. Persigue a Frankenstein, destruye a su familia y es posteriormente perseguido por su creador que, responsable de su obra, trata de evitar otros males que la criatura pueda causar.
17. Sentido y Sensibilidad (Jane Austen)

Sentido y sensibilidad es una novela de la escritora británica Jane Austen publicada en 1811. Fue la primera de las novelas de Austen en ser publicadas, bajo el seudónimo de "A Lady" (una dama). Ha sido adaptada para el cine y la televisión numerosas veces, destacando la versión de Ang Lee en 1995.
Las protagonistas son las hermanas Elinor y Marianne Dashwood, que viven con su madre, la señora Dashwood, y su hermana menor, Margaret. Después de la muerte de su padre el patrimonio familiar pasa a su medio hermano, John Dashwood, único descendiente masculino e hijo de un primer matrimonio; la familia queda con casi nada y se muda a una casita en el campo que les ofrece un pariente. La novela sigue a las hermanas Dashwood a su nuevo hogar, donde experimentan tanto el romance como una desilusión amorosa. Allí conocen a tres hombres: Edward Ferrars, Willoughby y al Coronel Brandon.
Elinor y Marianne tienen temperamentos opuestos. Tradicionalmente, se ha considerado que Elinor, la mayor, con 19 años, representa el "sentido" (razón) del título y Marianne, que tiene 17, representa la "sensibilidad" (emoción). Sin embargo, este punto de vista es muy limitado. Un examen detallado de la novela permite ver en cada hermana diferentes aspectos de cada uno de estos rasgos.
El contraste entre los caracteres de las hermanas se resuelve finalmente cuando cada una de ellas encuentra el amor y una felicidad duradera.
18. Anna Karenina (Leon Tolstoi)

Anna Karenina es una novela del escritor ruso Lev Tolstói publicada por primera vez en 1877. Había empezado a aparecer como folletín en la revista Ruskii Véstnik ("El mensajero ruso"), entre enero de 1875 y abril de 1877, pero su publicación no llegó a concluirse a causa del desacuerdo de Tolstói con su editor, Mijaíl Katkov, sobre el final de la novela. Por lo tanto, la primera edición completa del texto apareció en forma de libro en 1877.
La novela es considerada una de las obras señeras del Realismo. Para Tolstói, Ana Karenina fue su primera verdadera novela. La apariencia física del personaje que da nombre a la novela parece que se inspiró en parte en Maria Hartung (1832–1919), la hija mayor del poeta ruso Aleksandr Pushkin. Poco después de conocerla en una cena, Tolstói comenzó a leer la prosa de Pushkin, y tuvo un efímero sueño con "un aristocrático codo desnudo", que probó ser el primer acercamiento al personaje de Anna.
Aunque muchos críticos calificaron la novela en el momento de su publicación como un "romance de alta sociedad", Fiódor Dostoyevski declaró que era una "obra de arte". Vladimir Nabokov secundó esta opinión, admirando sobre todo la "magia del estilo de Tolstói" y la figura del tren, que se introduce ya en los primeros capítulos (los niños jugando con un tren de juguete), desarrollada en capítulos siguientes (la pesadilla de Anna) hasta llegar al majestuoso final.
19. Tom Sawyer (Mark Twain)

Tom Sawyer es una novela del escritor estadounidense Mark Twain publicada en 1876, actualmente considerada una obra maestra de la literatura. Relata las aventuras de la infancia de Tom Sawyer, un niño que crece en el antebellum del Sur de los Estados Unidos, en una población de la costa del río Mississippi.
Las aventuras de Tom Sawyer es el relato de unos meses en la vida de este niño que vive en una ciudad pequeña del suroeste de Estados Unidos a orillas del Mississippi. Criado por su tía Polly, que lo quiere de corazón pero que lo somete a una disciplina que se le hace absurda y desagradable, Tom contempla el mundo de una manera muy distinta a como lo hacen los adultos con los que tiene que convivir. Precisamente porque existe ese distanciamiento nos entretiene con sus reacciones divertidas y nobles. Más agreste y rebelde contra ese universo de las personas mayores es su amigo Huckleberry Finn, el compañero ideal de Tom que es envidiado por los demás niños que contemplan en su vida una forma de existencia que a ellos les gustaría llevar. Juntos vivirán aventuras humorísticas y dramáticas de las que podrán salir más airosos de lo que hubiera podido hacerlo cualquier adulto. Al final -siquiera en apariencia- tanto Tom como Huck acabarán siendo conducidos a ese contexto de personas que crecerán y dejarán de ser niños.
20. Guerra y Paz (Leon Tolstoi)

La guerra y la paz es una novela del escritor ruso Lev Tolstói que comenzó a escribir en una época de convalecencia al romperse el brazo cuando cayó del caballo en una partida de caza en 1864.
La publicación de Guerra y Paz empezó en el Ruskii Viestnik (El mensajero ruso), en el número de enero de 1865. Las dos primeras partes de la novela se publicaron en dicha revista en el transcurso de dos años y poco después aparecieron editadas aparte con el título Año 1805. A fines de 1869 la obra entera quedó impresa.
Es una de las obras cumbres de la literatura rusa y posiblemente de la mundial. En ella, Tolstói quiso narrar las vicisitudes de numerosos personajes de todo tipo y condición a lo largo de unos cincuenta años de historia rusa, desde las guerras napoleónicas hasta más allá de mediado el siglo XIX.
Una parte de la crítica afirma que el sentido original del título sería Guerra y mundo. De hecho, las palabras «paz» y «mundo» son homónimas en ruso y se escriben igual a partir de la reforma ortográfica rusa de 1918. Sin embargo, Tolstói mismo tradujo el título al francés como La Guerre et la Paix. Tolstói dio tardíamente con este título definitivo inspirándose en la obra del teórico anarquista francés Pierre Joseph Proudhon (La Guerre et la Paix, 1861), al que encontró en Bruselas en 1861 y hacia el que sentía un profundo respeto.
21. Moby Dick (Herman Melville)

Moby-Dick es una novela del escritor estadounidense Herman Melville publicada en 1851.
Trata de la obsesiva y autodestructiva persecución de una gran ballena blanca (cachalote) realizada por el capitán Ahab. No obstante, el tono de la novela, al margen de los pasajes que describen la persecución y transformación que va sufriendo el personaje, es eminentemente enciclopédico, incluyendo el autor extensas y detalladas descripciones de la pesca de las ballenas en el siglo XIX y multitud de otros detalles sobre la vida marinera de la época. Quizá por ello la novela no tuvo ningún éxito comercial en su primera publicación, aunque con posterioridad haya servido para cimentar la reputación del autor y situarlo entre los mejores escritores estadounidenses. La frase inicial del narrador («Call me Ishmael» en inglés, traducido al español como "Pueden llamarme Ismael" ) se ha convertido en una de las citas más conocidas de la literatura en lengua inglesa.
22. La Guerra de los Mundos (H.G. Wells)
La guerra de los mundos es una novela de ciencia ficción escrita por Herbert George Wells y publicada por primera vez en 1898, que describe una invasión marciana de la Tierra. Es la primera descripción conocida de una invasión alienígena de la Tierra, y ha tenido una indudable influencia sobre las posteriores y abundantes versiones de esta misma idea. De la novela de Wells se han hecho adaptaciones a diferentes medios: películas, programas de radio, videojuegos, cómics y series de televisión.
23. Los Hermanos Karamazov (Fiodor Dostoievsky)

Los hermanos Karamazov es una novela del escritor ruso Fiódor Dostoyevski, considerada por muchos autores como una de las cimas de la literatura universal.
Esta novela es generalmente considerada la mejor obra del escritor ruso Fiódor Dostoyevski y la culminación del trabajo de su vida. Ha sido aclamada, citada y analizada por diversos escritores del mundo entero, tales como Sigmund Freud, Andrew R. MacAndrew, Konstantín Mochulski, Mijaíl Bajtín y hasta el papa Benedicto XVI como una obra maestra de la literatura y una de las más grandes novelas jamás escritas.
El libro puede leerse en dos niveles: en el más superficial se encuentra la historia de un parricida con el que todos los hijos del hombre asesinado comparten diversos niveles de complicidad; pero en un nivel más profundo se encuentra el drama espiritual de un conflicto moral que involucra: fe, duda, racionalismo y libre albedrío. La novela fue compuesta en su mayor parte en la localidad de Staraya Russa, al sur de Nóvgorod, la cual es también el marco principal de la historia. Dostoyevski pasó cerca de dos años escribiendo Los hermanos Karamázov, que fue publicada como una serie en El Heraldo Ruso, y completada en noviembre de 1880. Si bien Dostoyevski habia escrito esta obra pensando en una continuación, murió menos de cuatro meses después de su publicación, dejando sin concretar esta segunda parte.
24. David Copperfield (Charles Dickens)

David Copperfield es una novela escrita por Charles Dickens y publicada por primera vez en 1850.
Al igual que el resto de sus obras (a excepción de cinco de ellas), esta novela fue publicada en capítulos mensuales. Muchos elementos de la novela hacen referencia a la propia vida de Dickens, siendo probablemente la más autobiográfica de todas sus obras. Así también, el mismo Dickens señaló en un prólogo de la novela "de todos mis libros, éste es el que más me gusta", y luego "como muchos padres, tengo un hijo preferido, un hijo que es mi debilidad; este hijo se llama David Copperfield".
25. Rojo y Negro (Stendhal)

Rojo y negro es una novela que Henri Beyle, más conocido por su seudónimo Stendhal, publicó a mediados de noviembre de 1830. La trama se desarrolla en la Francia del siglo XIX durante la década de los treinta, y se articula en torno a las ambiciones de un joven para elevarse sobre la pobreza de su nacimiento. El título del libro podría aludir a los colores de los uniformes del ejército (rojo) y de los sacerdotes (negro). La obra se juzga como una de las mejores de la narrativa francesa, ejemplo de novela psicológica; influyó a muchos escritores del Realismo, en particular a León Tolstói, y ya en el siglo XX a André Gide.
26. Corazon, Diario de un Niño (Edmundo de Amicis)

Corazón, Diario de un Niño, es una obra de literatura escrita por el autor italiano Edmundo de Amicis en el año de 1886. El título original de la obra (en italiano) es Cuore, y es una de las obras más leídas a nivel mundial.
La obra tuvo un gran éxito, alcanzando las 41 ediciones a los dos meses y medio de su publicación; en ella se cuenta, en forma de diario, las vivencias de un niño llamado Enrique en su escuela, con sus compañeros de clases, intercalando cartas de sus padres y cuentos cortos (relato mensual). Narra cómo experimenta situaciones que le hacen ir madurando. Es un libro pensado en conmover, fuertes imágenes de sacrificio (sobre todo en los relatos mensuales) y donde destaca los valores familiares y el patriotismo, resaltando los valores humanos y espirituales.
Ha sido adaptada varias veces al cine, pero destaca la versión de Luigi Comencini, una serie de televisión para la RAI que fue estrenada en España por TVE.
Uno de los cuentos incluidos dentro de la novela, es el famoso De los Apeninos a los Andes, base de la exitosa serie anime Marco, de los Apeninos a los Andes
27. Nuestra Señora de Paris (Victor Hugo)

Nuestra Señora de París es una novela de Victor Hugo, escrita en 1831 y compuesta por once libros que se centra en la desdichada historia de Esmeralda, una gitana, y Quasimodo, un jorobado sordo, en el París del siglo XV. Todos sus elementos -ambientación medieval, amores imposibles, personajes marginados, final dramático- hacen de la obra un modelo de los temas literarios del Romanticismo francés. Victor Hugo, tras separarse de su mujer Adèle, escribió la obra por encargo de un editor, llevándole aproximadamente 6 meses y agotándolo físicamente. Pero el esfuerzo valió la pena ya que fue bien valorada por los críticos y tuvo gran éxito entre los lectores, cosa que le supuso un alivio económico.
28. Estudio en Escarlata (Arthur Conan Doyle)

Estudio en escarlata es una novela de misterio escrita por Sir Arthur Conan Doyle y publicada en julio de 1887 por Ward, Lock & Co. Esta primera novela de la serie necesitó que pasase un año para ser publicada, cobrando su autor 25 libras esterlinas por todos los derechos del texto. Se le reconoce por ser la primera novela en figurar el personaje de Sherlock Holmes, quien más tarde se convetiría en uno de los más grandes íconos de la novela policíaca. Esta edición fue ilustrada por el padre de Arthur Conan Doyle. En principio, Conan Doyle tituló a su obra Una madeja enmarañada. Tras varios rechazos, vio su obra publicada por Ward, Lock & Co. en Beeton's Christmas Annual en 1888. La primera edición norteamericana se publicó en 1890 por J. B. Lippincott Co.
29. Fortunata y Jacinta (Benito Perez Galdos)

Fortunata y Jacinta (1886–1887), de Benito Pérez Galdós, es, según la opinión mayoritaria de la crítica literaria, la mejor novela de su autor; y una de las más populares y representativas del realismo literario español.
El eje conductor de la historia es el personaje de Juanito Santa Cruz. Este joven de familia adinerada, durante su época estudiantil, se corre buenas juergas con sus amigos. En una de ellas se encapricha de Fortunata, una joven de clase humilde. Termina por aburrirse de ella y desaparece de su vida. Su madre decide casarle con su prima Jacinta. Durante la luna de miel el joven le narra sus aventuras por los barrios pobres de Madrid y le habla de Fortunata. El tiempo pasa y Jacinta no puede tener hijos, ella y el resto de la familia llegan a obsesionarse con el tema.
30. La Cabaña del Tio Tom (Harriet Beecher Stowe)
La cabaña del tío Tom es una novela de la autora abolicionista estadounidense Harriet Beecher Stowe, que tiene a la esclavitud como tema central. La obra se publicó por primera vez el 20 de marzo de 1852. La historia se centra en el relato de tío Tom, un esclavo afroamericano que ha sufrido bastante, el protagonista en torno al cual otros personajes, tanto esclavos como sus propietarios, se mueven. La novela dramatiza la dura realidad de la esclavitud mientras muestra que el amor cristiano y la fe puede superar algo tan destructivo como la esclavización de seres humanos.
31. Grandes Esperanzas (Charles Dickens)

Grandes esperanzas es una novela escrita por Charles Dickens. Al principìo fue publicada como serie en el All the Year Round desde el 1 de diciembre de 1860 hasta el agosto de 1861. Es considerada como una de sus más grandes y sofisticadas novelas, así como también una de las más populares, siendo esta adaptada a obras teatrales y cinematográficas en más de 250 ocasiones.
La novela está escrita en un estilo semi-autobiográfico y narra la historia del huérfano Pip, quien describe su vida desde su niñez hasta su madurez tratando de convertirse en un hombre de nobleza a lo largo de su vida. La historia puede también ser considerada como una semi-autobiografía de Dickens, al igual que muchas de sus obras, en la cual mezcla sus experiencias de vidas con su entorno social.
La trama de la historia toma lugar desde la víspera de navidad de 1812, cuando el protagonista tiene solo siete años de edad, hasta el invierno de 1840.
Cada publicación en el All the Year Round contenía dos capítulos y estaba escrita de tal manera que mantenía al lector interesado de semana a semana, mientras seguían satisfaciendo su curiosidad al final de cada una.
32. Ivanhoe (Walter Scott)

Ivanhoe es la más conocida de las novelas de Walter Scott. Fue escrita en 1819 y está ambientada en la Inglaterra del siglo XII, durante la época medieval. Su protagonista es Wilfredo de Ivanhoe, un joven y valeroso caballero.
Ivanhoe es hijo de Cedric, un caudillo sajón. En ese momento, Inglaterra está dominada por los normandos. El deseo general es que Ricardo Corazón de León una para siempre a los normandos y sajones en un mismo reino. Pero esto se complica porque el rey ha sido hecho prisionero por el archiduque de Austria, cuando volvía de las cruzadas. Además, hay una gran rivalidad entre los normandos y sajones.
Ivanhoe entra en un torneo de caballeros y oculta su identidad haciéndose llamar "Caballero Desheredado", vence a todos sus oponentes, inclusive al templario Bois-Guilbert. (Ivanhoe se hizo llamar "Caballero Desheredado" debido a que su padre lo desterró por conocer sus amoríos con lady Rowena, ya que él deseaba que ésta se casara con otro hombre por interés político) Al recibir el premio del torneo, descubre a los presentes que es Ivanhoe. En el torneo es herido y luego puesto a los cuidados de la judía Rebeca, que se enamora perdidamente de él, pero él no le presta atención.
Ivanhoe lleva su particular cruzada contra Juan Sin Tierra, pérfido hermano de Ricardo, que aprovecha la ausencia de su hermano para gozar del trono. Por eso, recibe la ayuda de Robin de Locksley, que más tarde se convertiría en Robin Hood. Tras muchas peripecias, como la derrota de Juan Sin Tierra y el regreso de Ricardo Corazón de León, Rebeca es acusada de brujería pero Ivanhoe logra salvarla. Al final Ivanhoe y lady Rowena contraen matrimonio bajo el auspicio del rey
33. Papa Goriot (Honoré de Balzac)

Papá Goriot es una novela del escritor francés Honoré de Balzac escrita en 1834 para la Revue de Paris y publicada en 1835 en forma de libro. Considerada una de las obras más importantes del autor, forma parte de las Escenas de la vida privada de la Comedia humana. En ella se analiza la naturaleza de la familia, el matrimonio, la estratificación y la corrupción en la sociedad parisina durante la Restauración francesa a partir del drama vivido por personajes como papá Goriot -el hombre que muere en la miseria y rechazado por sus hijas luego de haber sacrificado todo por ellas-, Eugène Rastignac -el joven cándido y ambicioso que aspira a formar parte de la alta sociedad-, los otros pensionistas en la Casa Vauquer y damas de la alta sociedad como la señora de Bauseánt o las hijas de Goriot.
34. Aventuras de Arthur Gordon Pym (Edgar Allan Poe)

El protagonista, Arthur Gordon Pym, se embarca clandestinamente en el barco ballenero Grampus. Tras muchas experiencias y desgracias (motines, naufragios, canibalismo, guerras con nativos) que ponen en riesgo su vida, se interna en parajes prodigiosos de los mares antárticos, hasta que sufre una sobrecogedora revelación con la que culmina la historia.
La narración de Arthur Gordon Pym es una de las obras más controvertidas, extrañas y enigmáticas de su autor, contándose entre los excelentes títulos poeanos de tema marinero, junto a Manuscrito encontrado en una botella, La caja oblonga y Un descenso al Maelström. Se trata de una novela de aventuras de tipo episódico, centrada muy directamente en el intrépido protagonista que le da título, personaje que encontraría eco posteriormente en las obras de Robert Louis Stevenson (Secuestrado, La isla del tesoro, Los hombres alegres, etc.).
35. La Letra Escarlata (Nathaniel Hawthorne)

La letra escarlata es una novela de Nathaniel Hawthorne, escrita en 1850. Está enmarcada en la puritana Nueva Inglaterra de principios del siglo XVII. Relata la historia de Hester Prynne, una mujer acusada de adulterio y condenada a llevar en su pecho una letra "A", de adúltera, que la marque. Ella no revela la identidad del padre de su hija, y trata de vivir en una sociedad injusta e hipócrita con dignidad. En la novela, Hawthorne trata los temas de la Gracia divina, la justicia y el castigo.
El relato comienza con el juicio público en una plaza a Hester Prynne, ante los ojos de su marido, recién llegado tras dos años de ausencia. Ella es condenada a llevar la marca de adúltera, pero a lo largo de la historia muestra su fortaleza en su intento de rehacer su vida. Durante toda la historia, su pareja en el delito, el reverendo Dimmensdale, no revela su pecado y así sigue siendo un miembro respetado de la comunidad. Pero su culpa le produce gran remordimiento y dolor y al final se suicida.
36. Las Minas del Rey Salomon (H. Rider Haggard)


Las minas del rey Salomón es una popular novela del escritor victoriano de aventuras y fábulas, H. Rider Haggard, escrita en 1885. Relata una historia de aventuras en una región inexplorada de África, realizada por un grupo de aventureros liderados por Allan Quatermain.