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sábado, 4 de septiembre de 2010

With a little help from my friends


Me he despertado en la cama de los padres de una amiga verdadera que siempre está cuando se la necesita. De hecho, ella se ha tenido que ir y aquí sigo en su casa. No es la única amiga que tengo (por suerte) así que me he puesto a pensar en todas aquellas personas que han estado a lo largo de los años a mi lado, en los buenos y sobre todo en los malísimos momentos que he tenido.
Esas personas han tenido paciencia cuando he dicho que no podía verlas, o que no las podía contar algo; me han llamado para ver qué tal seguía, me han ofrecido su hombro para llorar y han celebrado como suyas mis alegrías.
Sé que todo esto suena a topicazo, y es cierto, pero cuando las cosas no te van tan bien como quisieras, está bien darse cuenta de que no estás solo. Y yo me he sentido arropada en todos estos días.
La verdad es que queda un poco de camino por andar en esta nueva etapa que se abre ante mí, pero ahora la afronto con menos miedo.
Por todas ellas, les regalo: un helado en el Everest, una pancarta para una manifestación, una escapada a donde sea, unas fiestas en el pueblo, unas charlitas los lunes, unas risas histéricas preparando exámenes, desvarios varios en la cafetería pequeña de la facultad, unos disfraces en carnaval, un paseo por el Twin Peaks de Continente, unos gofres, recoger setas, unos sandwiches del rodilla, unos globos y todo mi amor.
Gracias.



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