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jueves, 1 de septiembre de 2011

Titanic (III)

“Construimos un buque para que fuera capaz de flotar. No lo construimos para que fuera capaz de chocar contra un iceberg o un acantilado. Desafortunadamente esto último fue exactamente lo que sucedió”. Alexander Carlisle, uno de los directores de los astilleros Harland & Wolff ante el Comisionado Inglés de Naufragios.

Bueno, finalmente me he decidido a publicar la entrada dedicada a los pasajeros y la tripulación del Titanic. Primero estarán algunas historias sacadas de la exposición del Titanic, después, habrá una lista de los 2207 pasajeros.
Los supervivientes fueron rescatados de los botes salvavidas por el RMS Carpathia.

De los 711 pasajeros y la tripulación rescatada, uno, William F. Hoyt, pasajero de primera clase y hombre de negocios (foto de la derecha), murió en un bote salvavidas durante la noche, y otros cinco murieron a bordo del Carpathia y fueron enterrados en el mar. Varios barcos navegaron a la zona del desastre donde se hallaban las víctimas para recuperar los cuerpos. Los números 324 y 325 no fueron usados, y los seis pasajeros enterrados en la mar por el Carpathia tampoco fueron numerados. Los tres cuerpos recuperados por el RMS Oceanic, números 331, 332 y 333, fueron los ocupantes de un plegable, que se inundó en los últimos momentos del hundimiento. Varias personas lograron llegar al barco, aunque algunos murieron durante la noche. Cuando el Quinto Oficial Harold Lowe rescató a los supervivientes de un plegable, dejó tres cuerpos: Thomas Beattie, un pasajero de primera clase, y dos miembros de la tripulación, un bombero y un marinero. El plegable, con los tres cadáveres todavía dentro, fue descubierto a más de 200 millas del sitio del hundimiento aproximadamente un mes más tarde.

Tras la recuperación de los 160 cadáveres identificados y no identificados de las víctimas del naufragio se llevaron de vuelta a Halifax, Nueva Escocia, para ser enterrados. 129 fueron llevados al cementerio no confesional Fairview Lawn; 29 fueron enterrados en el cementerio católico romano Mount Olivet y diez fueron llevados al cementerio de los judíos Barón de Hirsch. Los cuerpos de las restantes víctimas que fueron recuperadas se entregaron a los miembros de la familia o fueron enterrados en el mar.

PERSONAJES E HISTORIAS DEL TITANIC



Una de las familias más adineradas que viajaba a bordo del Titanic era la familia Widener. Esta rica familia regresaba a Philadelphia después de haber viajado hasta París con el único fin de comprar la tela para la confección del traje de novia de su hija, que esperaba casarse en el mes de julio, pero que no viajaba con ellos. (Eleonor en la foto de abajo).

Una vez se produjo el choque y cuando todos se disponían a subir a los botes salvavidas en la cubierta B, el oficial sólo permitió subir al bote a la señora Eleonor Widener, mientras que a su esposo, su hijo de 19 años y a su mayordomo no se les dejó subir. Este bote fue arriado con sólo 28 personas cuando estaba preparado para 72.
Tres semanas más tarde, un barco que la compañía White Star Line envió a la zona del naufragio para recuperar los cuerpos que aún estaban flotando, encontró el cadáver de Edwin Keepin, mayordomo de la familia Widener. En un primer momento se pensó que era el cuerpo de George Widener, pero cuando revisaron sus datos se comprobó que era el mayordomo. En el cuerpo de Keepin se encontró un extraordinario medallón de oro y brillantes, así como cientos de dólares en los bolsillos de su abrigo y ropa.


Cuando el Titanic estaba a punto de hundirse, Gerda y su marido Edgar Lindell, junto al pasajero Carl Olor Jansson, (foto de la derecha)

que se encontraban en la cubierta, se lanzaron al agua y nadaron hasta el bote salvavidas desplegable A, precisamente el último en ser arriado al mar. Este bote se encontraba casi lleno de agua y con aproximadamente 45 personas. El pasajero Oloff y el marido de Gerda, Edgard, consiguieron subirse al bote salvavidas, pero Gerda, ya sin fuerzas y al límite de morir congelada, no pudo subir, a pesar de que su marido le estuvo agarrando constantemente e intentando subirla a bordo del bote. Él finalmente cayó desvanecido en el interior del bote y fue otro pasajero, August Wennerstorm, (foto de abajo)



quien sujetó e intentó subirla pero cuando se dio cuenta que había muerto congelada con su mano agarrada a él (casi como la imagen de Leonardo Dicaprio en la película Titanic). Después de varios minutos Wennerstorm no tuvo más fuerza y soltó la mano de Gerda. Abajo, el matrimonio Lindell.


Al soltarla, Wennerstorm cayó también desvanecido en el bote. Sin embargo, en algún momento, mientras sostenía su mano, el anillo de Gerda se deslizó de su dedo y cayó al fondo del bote.
Casi un mes después de la tragedia, el buque Oceanic encontró a la deriva, a más de 300 kilómetros de la tragedia, el bote desplegable A y al vaciarlo de agua apareció en el fondo del bote el anillo.


Alfred Nourney era un joven alemán, procedente de Colonia, que durante su estancia a bordo del Titanic no paró de contar que se dirigía a América para cumplir uno de sus sueños, que era ver a los indios. Esto es lo que contaba, pero la realidad es que sus padres lo enviaban a Nueva York porque había dejado embarazada a una de las empleadas de la casa y querían alejarlo de Colonia durante una temporada. (fotografía de abajo)

Uno de los pasajeros de primera clase era Erik Lind. Nació en Suecia y se convirtió en un afamado y poderoso hombre de negocios cuando de muy joven emigró a Nueva York, donde consiguió amasar una gran fortuna. No obstante, regresó a Suecia para invertir todo su dinero en un una gran empresa que fracasó estrepitosamente, así que decidió regresar a Nueva York a repetir fortuna.
Pero debido a las grandes deudas que tenía en Suecia y para no alertar a sus muchos acreedores, cambió su apellido por el de Lingrey y, con este falso apellido, compró un billete de primera clase del Titanic, en el que se gastó sus últimos dólares.
Al producirse la tragedia, Erik Lind, junto a otros dos pasajeros de primera clase, se lanzaron al agua. Nadaron hasta conseguir llegar cerca de uno de los botes salvavidas pero Lind no tuvo fuerzas y finalmente despareció engullido por las gélidas aguas.

Henrik Kviller era un ingeniero escandinavo de 31 años que viajaba con una beca a Estados Unidos para estudiar las construcciones de acero y que pretendía casarse con su novia nada más regresar de América. Desafortunadamente, Kvillner murió en el Titanic, siendo su cuerpo recuperado varios días después. Sus pertenencias fueron enviadas a su familia.

Uno de los matrimonios más conocidos que viajaban en 1ª clase era el matrimonio Strauss. Isidor era el fundador de los grandes almacenes Macy´s en Nueva York, pero este era un viaje de placer que había realizado por Europa, por lo que Ida le acompañaba. Después de la colisión, subieron a la cubierta de botes, donde Ida rechazó subirse a bordo del bote salvavidas número 8, declarando que habían estado viviendo juntos durante muchos años y por ello "donde tú vayas, allí iré yo". Se dirigieron entonces hacía la cubierta de proa, donde, abrazados, aguantaron hasta que el agua les devoró.

Uno de los pocos pasajeros españoles que viajaban en el Titanic era el joven matrimonio Peñasco, pasajeros de primera clase en su luna de miel.

Víctor y Josefina llevaban más de un año de luna de miel cuando, estando en París, decidieron comprar billetes en el Titanic para poder conocer América, pero como la madre de Víctor tenía miedo a los barcos, decidieron dejar a su mayordomo en París y que éste fuera enviando unas postales de la capital parisina que ellos previamente habían escrito con las fechas futuras. De esta forma, mientras ellos se encontraban en el Titanic rumbo a Nueva York, la madre de Víctor les creía a salvo en París.
Al producirse la colisión, el joven matrimonio subió corriendo a la cubierta de botes, donde solamente Josefina pudo subirse al bote salvavidas número 8, junto a su doncella de compañía y otros personajes ilustres, como Molly Brown o la condesa de Rhodes. Víctor permaneció en el buque y murió en las gélidas aguas del atlántico.

Jacob era minero, pero tal vez cansado de esa dura vida, tomó la decisión de coger todos los ahorros que tenía y juntarlos con los pocos objetos de valor que poseía para embarcarse en el Titanic con el fin de comprar una pequeña granja en cualquier población americana y así comenzar una nueva vida. Pero no pudo ser. Jacob, como muchísimos de sus compañeros en aquellos camarotes de tercera clase, dejó su vida en esta tragedia.

La familia Kink, formada por Anton, su mujer Luise y su hija de 4 años, también llamada Luise, viajaba desde Zurich. Eran pasajeros de 3ª clase y, al llegar a la cubierta de botes, sólo a la madre y la pequeña Luise se les permitió subir a bordo del bote número 2. A Anton no se le permitió subir y los marineros hicieron una cadena humana alrededor de bote mientras este comenzaba a ser arriado. Pero Anton aprovechó un descuido y se escabulló entre los marineros, saltando al bote y aterrizando en él cuando éste ya había comenzado su descenso. De esta forma se convirtieron en una de las pocas familias de 3ª clase en sobrevivir al completo.

Si hay un personaje femenino conocido dentro de la historia del Titanic, esa es sin lugar a dudas Molly Brown. Procedente de Denver, Colorado, era una excéntrica pasajera de 1ª clase. Su papel durante las tareas de rescate, animando a las mujeres a remar e intentando que los botes más vacíos volvieran a rescatar a más pasajeros, le valió una justa valoración. Cuando llegó a Nueva York, encargó hacer unas medallas en honor a la tripulación del Carpathia, cada una con el nombre personalizado. La historia bautizó a esta mujer como la insumergible Molly Brown, llegándose a realizar infinidad de musicales, películas y libros sobre su figura.

Carl Asplund viajaba junto a su mujer y cinco hijos en los camarotes de tercera clase situados en la popa del buque. Cuando el buque colisionó contra el iceberg, la familia entera consiguió llegar hasta la cubierta de botes pero eran incapaces de separarse. Años después Selma, su mujer, declaró que habían decidido quedarse todos juntos y morir abrazados aquella noche, pero en un instante, al estar cerca de un bote que estaba siendo arriado, un tripulante agarró a su hija menor, Lillian, y la lanzó al bote. Segundos después hizo lo mismo con otro de los hijos, Félix. Entonces otro tripulante desde el bote gritó: “¡Bajad a la madre también al bote!”.


Antes de que Selma tuviera tiempo para reaccionar, los tripulantes la habían cogido de pies y manos y le lanzaron al bote, desde donde alzó la vista para ver a su marido y sus otros tres hijos correr hacía la otra cubierta del buque. Sería la última vez que los viera.
El cuerpo de Carl Asplund fue recuperado y entregado a su familia, así como varios objetos. Todos ellos fueron entregados a su hija Lillian, que fue una de las últimas supervivientes en morir, en la primavera de 2006.

William Murdoch fue, sin lugar a dudas, uno de los personajes más importantes en la historia del Titanic, tanto por el cargo que ocupaba a bordo como por su heroico comportamiento personal y profesional.

Murdoch era el primer oficial del Titanic y fue la persona que se encontraba al mando del buque cuando éste colisionó con el iceberg. Él tuvo que decidir, en décimas de segundo, qué maniobra tomar y decidió, como primera orden después de chocar, cerrar inmediatamente las puertas estancas.
El papel de este oficial también fue ejemplar durante las maniobras de evacuación de los pasajeros. Era el responsable de los botes salvavidas en la cubierta de estribor y ordenó llenarlos completamente, aunque fuese con hombres. En la cubierta de babor, por el contrario, el oficial responsable no permitió que ningún hombre embarcase en los botes salvavidas y estos se arriaron sólo con mujeres y niños, llevando en su interior solamente a la mitad de personas que podían haberse salvado. Algunos botes solo llevaban catorce o quince personas cuando su capacidad total era de 72. Debido a ello, más del 80% de los hombres que se salvaron en el Titanic le debieron su vida a Murdoch.
Por último conviene destacar de este excelente oficial que, cuando ya el barco estaba a punto de desaparecer bajo las heladas aguas, cuando el agua le cubría la mitad de su cuerpo, consiguió, en un esfuerzo sobrehumano, cortar, con su navaja, los cabos que impedían arriar el último bote salvavidas, el desplegable A. Gracias a este último esfuerzo del oficial Murdoch, doce personas pudieron salvarse en ese bote, aunque a él ya no le quedaron fuerzas para subirse y murió congelado en la mar, agarrado al bote salvavidas que había conseguido salvar con el esfuerzo que le costó la vida.


La crónica de Harold Bride, telegrafista del Titanic


Me incorporé al Titanic en Belfast. Nací en Nunhead, Londres, hace veintidós años, y el pasado mes de julio pasé a formar parte del personal de radio. Antes había trabajado en el Haverford y en el Lusitania, después me pasaron al Titanic, en Belfast. No tenía mucho que hacer en el Titanic, salvo relevar a Phillips, el operador principal, desde la media noche hasta algún momento de la mañana, cuando se despertaba.
Estaba de pie al lado de Phillips, diciéndole que se fuera a dormir, cuando el capitán se asomó en la cabina: “Chocamos contra un iceberg –-dijo el capitán–. Ya mandé hacer una inspección para saber qué pasó. Prepárense para pedir ayuda, pero esperen a que yo les avise.” El capitán se fue y regresó unos diez minutos después. Afuera se escuchaba un gran alboroto, pero nada que indicara problemas. El aparato sin cables funcionaba a la perfección. “Pidan ayuda”, ordenó el capitán, asomándose apenas por la puerta. “¿Qué mensaje mando?”, preguntó Phillips. “La llamada internacional reglamentaria de socorro, nada más”, respondió el capitán, y se fue. Phillips comenzó a digitar CQD. Lo hacía con rapidez y bromeábamos mientras lo hacía.
El humor de la situación me incitó e hice un comentario que nos hizo reír a todos, incluido el capitán. “Manda un sos –sugerí–, es la nueva llamada y podría ser tu última ocasión de mandarla.” Phillips, riendo, cambió la señal a sos. El capitán nos dijo que el golpe había sido en la parte central del barco, hacia la popa. Tardaron diez minutos, me dijo Phillips, en darse cuenta de la presencia del iceberg, pero la leve sacudida fue la única señal del impacto. Creíamos estar a una buena distancia. En los minutos siguientes bromeamos mucho.
El capitán ya se había ido y Phillips me dijo que fuera a decirle que el Carpathia había respondido. Lo hice, atravesé entre una multitud de personas para llegar a su cabina. En las cubiertas había una gran confusión de hombres y mujeres. Al regresar, escuché que Phillips daba más indicaciones al Carpathia. Me dijo que me vistiera, se me había olvidado que no estaba vestido.
Llegaba música desde la popa, la banda del barco tocaba una pieza de ragtime,Autumn. Phillips corrió hacia la popa y fue la última vez que lo vi vivo. Fui hacia donde había visto el bote plegable en la cubierta del barco y, para mi sorpresa, ahí estaba todavía, y unos hombres trataban de echarlo al mar.
Cuando me di cuenta, estaba en el bote. Sí, estaba en el bote pero debajo porque se había volcado. Recuerdo que me di cuenta de que estaba empapado y necesitaba respirar, fuera lo que fuera, porque estaba debajo del agua. Supe que tenía que luchar y lo hice. ¿Cómo salí de abajo del bote? No lo sé, pero por fin pude aspirar una bocanada de aire. Había hombres a mi alrededor, cientos de hombres. El mar estaba lleno de ellos, todos con sus chalecos salvavidas.


Abajo, a la izquierda, Phillips, a la derecha, Harold Bride.




Pensé que tenía que alejarme del buque. Era un espectáculo extraordinario. Arrojaba humo y chispas por las chimeneas. Debió producirse una explosión, pero no la escuché. Sólo se veía un gran chorro de chispas. El buque empinaba lentamente la nariz, como un pato al sumergirse. Mi único pensamiento era alejarme de la succión. La banda seguía tocando, imagino que todos los músicos se ahogaron. Son unos héroes. Seguían tocando Autumn. Entonces me puse a nadar con todas mis fuerzas. Creo que debí estar a unos cuarenta y cinco metros de distancia cuando el Titanic, de nariz, con la popa casi vertical, comenzó a hundirse lentamente. Cuando por fin las olas cubrieron su timón no se sintió la succión. Debió seguir hundiéndose suavemente.
Por fin llegó el Carpathia y subieron a la gente con una escalera de soga. Nuestro bote se aproximó y nos sacaron a todos, uno por uno. Había un hombre muerto. Lo pasé y llegué a la escalera, aunque me dolían terriblemente los pies. El muerto era Phillips. Murió de frío en la balsa. Dio todo de sí antes del naufragio. Se quedó en su lugar hasta que pasó la crisis y luego se desplomó.
Amanecía. Creo que me quedé en la enfermería casi hasta la noche, cuando me dijeron que el equipo sin cables del Carpathia estaba funcionando “raro” y me pidieron que les echara una mano. Después de eso no volví a salir de la sala de radio, de modo que no sé qué les pasó a los demás pasajeros.



Estadísticas


Estas son las estadísticas del total de pasajeros a bordo del buque, y total de pasajeros que perecieron y se salvaron, de acuerdo al total de pasajeros de la lista y al libro de Judith Geller, Titanic: Women and Children First. Los datos son estimaciones cercanas.

Pasajeros totales
1ª Clase 2ª Clase 3ª Clase
Hombres 176 -- --
Mujeres 143 92 178
Niños 7 25 83
Total 326 -- --
Supervivientes
1ª Clase 2ª Clase 3ª Clase
Hombres 58 (33%) -- --
Mujeres 139 (97%) 80 (87%) 91 (51%)
Niños 6 (86%) 25 (100%) 30 (36%)
Total 203 (62%) -- --
Muertos
Sólo murieron 4 mujeres y un niño de primera clase: Edith Evans, Anne Isham, Ida Strauss, Bess Allison y su hija, Loraine.
1ª Clase 2ª Clase 3ª Clase
Hombres 118 (67%) -- --
Mujeres 4 (3%) 12 (13%) 87 (49%)
Niños 1 (14%) 0 (0%) 53 (64%)
Total 123 (38%) 12 140




Número de muertos que perecieron en el agua: cerca de 1500 personas.

El siguiente índice indica el número de los cuerpos que cada buque recuperó.
• MB - CS Mackay-Bennett (cuerpos 1-306)
• M - CS Minia (cuerpos 307-323)
• MM - CGS Montmagny (cuerpos 326-329)
• A - SS Algerine (cuerpos 330)
• O - RMS Oceanic (cuerpos 331-333)
• I - SS Ilford (cuerpo 334)
• OT - SS Ottowa (cuerpo 335)
Para una lista de pasajeros, recomiendo pinchar AQUÍ.

6 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Me ha encanado la entrada, no conocia muchas de estas historias... y saber sobre molly brown tambien me ha encantado, que mujer! me ha despertado mucha tristeza, la verdad.
    Sobre todo la incompetencia de no llenar los botes a tope... cuantas vidas se habrian salvado! En 2012 se celebrara el centenario del titanic en barcelona... sin duda voy a verlo :-)

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  3. Me ha encantado, es la primera vez que me paso y me he leido la entrada y uala, muy bien documentado, la verdad. ¡¡Gracias!!

    un bso!

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  4. Eva, sí, es muy triste, y eso que he preferido no mencionar un montón de historias aún peores. Estas son las más conocidas, son las que aparecieron en la exposición del Titanic de hace unos años, estuvo en valencia en el 2007, por ejemplo.

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  5. Raquel, Molly Brown era una gran mujer, lástima que el miedo paralizara al resto, habrian vuelto y quizá hubiera más supervivientes, pero en realidad, ¿quién puede culparles? ¿quién sabe cómo reaccionaría cada uno en una situación así?

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  6. Muchas gracias, Soñadora, me alegro que te guste, si te vas a los temas, justo debajo de los títulos de las entradas, verás que tengo otras dos que tratan sobre el Titanic. La primera es un poco contar cómo era el barco, la construcción (tratando lo máximo posible de no ser un pestiño, jejej). La segunda, trata del accidente en sí y del hundimiento. Te animo a que las veas, y bueno, ya sabes, si te gusta el blog, no dejes de pasarte. ^^

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