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sábado, 8 de enero de 2011

XP (2001)


Mi tortura son esos ojos clavados en mí lujuriosamente, sonriéndome y tentándome por saber que estoy atada.
El día que me desate te echarás a temblar y querrás retroceder, desdiciéndote, porque utilizaré la cuerda como látigo.
Seré entonces tu dueña y me vengaré de todos estos meses de esclavitud, mandándote que lamas mis pezones.



Eres bastante más inteligente que yo escudándote en otros que no sospechan nada, y así matarme poquito a poco, el tiempo suficiente como para que yo sonría como una idiota y luego quiera arrepentirme.
Demasiado tarde, porque tú ya has confirmado que me gustas.



Hemos estado como dos estúpidos durante veinte minutos en la parada del autobús sin decir esta boca es mía.
Si al menos lo hubieras insinuado, creo que no podría haber evitado tomarte la palabra, pese a las malditas consecuencias.



Pusimos como excusa una charla de amigos, pero eso fue después de que ambos supiéramos que lo que queríamos era rodar entrelazados, jadear y bailar al unísono.
Diez botellines más tarde, un cubata y unos “amigos” tuyos que aparecieron de no sé dónde nos dieron la razón.



Me dolió tanto tu ausencia y tu silencio que me convertí en un fantasma.
Sólo tú sabías lo que pasaba, pero estabas ocupado jugando al avestruz para no ver la lluvia en mi rostro.



Si hubiéramos tenido dinero mi hermana me hubiera llevado a u psicólogo.
Di gracias entonces al nuevo televisor, porque a ver cómo explico que lo que me duele es no poder ser infiel.



Menudas navidades con tu vacío en el asiento del autobús. Ya no sabíamos ni qué excusa dar, yo para encontrarte, tú para no verme.
Éramos una mala copia de una comedia de enredo, sólo que sin comedia.



Necesitamos de otro cinco cubatas para que desataras la lengua (hablando, ojal hubiera sido para otra cosa) y me confesaras, mientras bailábamos una lenta, que el problema era que yo degustaba demasiado.
No hace falta que te cuente la cara de lela que se me quedó.
Tenía que haberme imaginado desde el principio que iba a ser el día de tu confesión. El que te acordaras de mi marca de whiskey preferida y que me ofrecieras un cigarro nada mas verme era como para sospechar.
Desde luego, no iba a ser yo la que se quejara.



El problema de las mentiras es que uno se las crea, como yo te creí una y otra vez.
Lo peor de todo es que todavía cierro los ojos para concentrarme en tu voz.



Ambos sabemos que no hay futuro más allá de un patético tonteo de adolescentes, porque yo vivo con mi príncipe azul y tú con tu complejo de inferioridad.
Aún así, una hasta se despierta sonriendo los lunes.



1 comentario:

  1. woooooooooooo que profundo Ainara que pasada que bien escribes, me gusta leer algo y que pueda vivir los sentimientos de la persona que escribe , es tan bonito tan sincero que consigues emocionar con tus palabras.
    Apartir de ahora una seguidora fiel.
    besos
    Amiga

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