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lunes, 2 de agosto de 2010

Cuento III




La llamó, de una manera dulce que le hizo recordar los buenos tiempos, hacía días que todo iba bien, y se entregó como lo hacía siempre. Ni siquiera tuvo una lucha interna, se sentó a su lado y solamente esperó. Hablaron de todo, se rieron mucho, se escucharon…
Él estaba terriblemente agradable, divertido, y curioso, se dio cuenta que había seguido pensando en ella, la había estado mirando a lo lejos mientras pasaba por su camino, la había seguido pensando, aunque nunca hubiera conseguido ocultar del todo la nostalgia que le embargaba, como la confesó entristecido por el temor a hacerla más daño.
Y entonces sus palabras brotaron y ella las escuchó, mientras se olvidaba hasta de respirar.
“Estoy conociendo a alguien” le dijo “no he dejado de quererte, pero lo nuestro sabemos que no puede ser. Yo tengo que irme lejos, y tú no vendrías conmigo. Las relaciones a distancia no funcionan”
Le contestó que ella también le seguía queriendo, como él sabía más que de sobra, pero que si no podía ser feliz a su lado, como habían comprobado, entonces, merecía serlo con otra persona. Tal vez esa nueva “ella” fuera una nueva brisa que le hiciera sonreír.
“¿Esa es tu respuesta?”
Se quedó callada. Quería decirle que no, que esa no era su respuesta. Que debería haberle dado la oportunidad de elegir antes de apartarla hasta casi llegar a conseguir que le odiara, que tal vez sí se hubiera marchado junto a él, que no la dio la opción de elegir.
“¿Esa es tu respuesta?”
Seguía callada. Quería que la dijera que fuera con él, que lo intentara. Que si la seguía queriendo no entendía a qué venía ahora hablarle de otra “ella”.
“¿Esa es tu respuesta?”
Permanecía callada. Quería que le preguntara. Quería que la dijera “Ven conmigo” ¿Qué le respondería?
“Quiero un final feliz. Esa es mi respuesta”





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