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martes, 19 de abril de 2011

Cementerios, porque no todo es el terror en estado puro III. París 1ª parte


Cementerio du Père-Lachaise

Al final de la Avenida de la República, en lo alto de una colina, está el más grande y famoso cementerio del mundo, que ya existía en el Medievo.
La concepción del cementerio del Père-Lachaise le fue confiada al arquitecto Alexandre Théodore Brongniart (1803) La capilla y la entrada principal fueron construidas por el arquitecto Étienne-Hippolyte Godde.
Tras su apertura, el cementerio del Père-Lachaise ha sido ampliado en cinco ocasiones, esto le ha permitido pasar a 93 áreas, que contienen 70.000 tumbas, 5.300 árboles, centenares de gatos orondos y miles de pájaros que anidan en sus ramas. El cementerio recibe en torno a dos millones de visitas al año.
El nombre dado al cementerio es un homenaje a François d’Aix de la Chaise (1624–1709), conocido como el Père la Chaise, que fue confesor del rey Luis XIV de Francia y que ejerció sobre él una moderadora influencia durante la lucha contra el jansenismo.
El 21 de mayo de 1804 el cementerio se abrió oficialmente. Sin embargo, este cementerio no fue bien aceptado por los parisinos, que no querían ser enterrados en las afueras de París. Al ser transferidos al mismo los restos de algunos personajes de gran prestigio la élite parisina le concedió su beneplácito.


Hay tantos famosos enterrados en este lugar, que más parece una galería de esculturas al aire libre que un camposanto. Entre los monumentos más admirados están las famosas figuras de Abelardo y Heloísa, los amantes del siglo XII, que yacen uno junto al otro bajo un techo gótico. También se encuentra la bella escultura moderna de Oscar Wilde hecha por Jacob Epstein (y llena de carmín toda ella por los besos que le dejan los visitantes), y la tumba de la escritora norteamericana Gertrude Stein, quien fuera mecenas de exponentes del modernismo como Pablo Picasso, Matisse, Braque y Hemingway, a quienes solía reunir en su casa. Entre las más brillantes figuras de las cultura se encuentran La Fontaine, Moliere, Balzac, Daumier, Ingres, Delacroix, Corot, la cantante Edith Piaf

y compositores como Rossini y Chopin.


Y hay muchos otros para nombrar. Pero la tumba más visitada año tras año es la de Jim Morrison, el líder del grupo The Doors. El mismo Morrison había visitado el cementerio una semana antes de morir por sobredosis en un departamento de París -el 7 de julio de 1971- y expresó, proféticamente, el deseo de ser enterrado aquí. Los padres de Morrison colocaron en 1991 una lápida que reza la ambivalente frase en griego "Kata Ton Daimona Eaytoy", que se presta a dos interpretaciones: en griego moderno significa: "Al espíritu divino dentro de él", y en griego antiguo puede traducirse como "Creó sus propios demonios". Siempre está con flores.

La tumba del pintor Théodore Géricault es digna de ver, ya que hay una reproducción de su conocida obra La balsa de la medusa.
Al sur del cementerio se encuentra el muro de los Federados, contra el cual 147 comuneros, dirigentes de la Comuna de París (1871), fueron fusilados el 28 de mayo de 1871 tras la caída del gobierno insurrecto.


Cementerio de Montparnasse



Otro de los famosos cementerios de París, el cementerio de Montparnasse (en francés: Cimetière du Montparnasse), que fue creado a partir de varias fincas en 1824 como respuesta a la prohibición de crear cementerios en el centro de París en el siglo XIX, ocupa 19 hectáreas.


Desde su apertura, se han enterrado en Montparnasse más de 300.000 personas. El cementerio cuenta en la actualidad con 35.000 sepulturas y un millar de muertos son inhumados allí cada año.

Es un camposanto muy harmonioso y sereno, formado por pequeñas callejuelas que a ambos lados contienen sencillas lápidas, algunas con muchas flores. Las tumbas de famosos artistas e intelectuales franceses se encuentran aquí, incluyendo a Charles Baudelaire, Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir. También de de Salmuel Beckett, Susan Sontag, Man Ray, André Citröen, Antoni Clavé o Julio Cortázar, la sepultura más visitada del cementerio, siempre llena de objetos dejados por sus admiradores.

2 comentarios:

  1. Magnífico reportaje Ainara, parece que el confesor espiritual de Luis XIV hizo un buen museo de almas ateas paganas herejes... igual que el de Montparnasse, parecen paraísos perdidos más que cementerios. Un lujo!

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