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martes, 19 de abril de 2011

Cementerios, porque no todo es el terror en estado puro II. Catacumbas de Roma y París

Las catacumbas son por encima de todo, cementerios. Las múltiples galerías o corredores que se multiplican en todas ellas no son sólo para acceder de un lugar a otro sino que están destinados a ser ellos mismos un cementerio. Sus paredes están repletas de nichos donde se disponen los cuerpos en horizontal por niveles. En algunas hay hasta doce niveles y en otras tan sólo tres. Todo depende de la altura de la galería construida además de la solidez de la roca. Los corredores son largos y estrechos, tan estrechos que malamente pueden caber dos personas que se crucen. Se cortan los unos a los otros de mil maneras y el resultado es un verdadero laberinto que puede llegar a ser peligroso si no hay un guía conductor.

Estas antiguas catacumbas se construyeron por primera vez sobre el siglo II DC, pero través de los siglos, fueron saqueadas y destruidas. Al principio las paredes no tenían ningún tipo de ornamentación, sólo tomaron como práctica el fijar en los muros monedas y camafeos y de este modo señalar la fecha. Esta costumbre ha facilitado mucho el estudio y la datación a los arqueólogos. Algunas monedas llevan la efigie de Domiciano (51-96), incluso de emperadores más antiguos (como Vespasiano o Nerón). Sólo más tarde y durante los periodos de calma en que no había persecuciones, se fueron llenando las paredes de pinturas
Por lo general el espacio consta de diversos núcleos, dispuestos en pisos, casi siempre excavados en distintas épocas. Cada piso tenía su entrada propia hasta que con el tiempo se fueron comunicando y quedaron reunidos.
En las catacumbas podemos distinguir varias partes: un trazado laberíntico de galerías denominado "criptas", las cuales a veces se ensanchan formando una especie de cámaras poligonales llamadas "cubículos", donde se enterraban los muertos por martirio. Es frecuente que estos cubículos estén decorados con pintura mural al fresco.
Las fosas de enterramiento excavadas en las paredes de las catacumbas podían ser de dos tipos: rectangulares, denominadas loculi o semicirculares, llamadas arcosolio.
Las Catacumbas de Santa Domitila, Santa Priscila, San Calixto y San Sebastiano son las más visitadas. Ganaron fama como refugio para los cristianos cuando una ley impedía que el ejército entrara en ellas. Debajo de la Iglesia de San Sebastiano, en las catacumbas homónimas junto a la Vía Appia Antica, hay un templo cristiano antiguo, en cuyas paredes se pueden leer los grafittis en latín que los peregrinos escribían, pidiéndole favores a "Pietros et Paulus" y asegurando en latín que "Claudio estuvo aquí". Y debajo de él se encuentra un templo pagano anterior dedicado a la Diosa Mitra, decorado con flores de yeso en tonos pastel.
Existe un gran nicho en el cual fue colocado el sarcófago que contiene el cuerpo de Cecilia, que permaneció allí hasta el año 821 cuando el papa San Pascual I lo hizo transportar al Trastévere, a la basílica dedicada a ella.

La estatua, ahí colocada, es una copia de la célebre estatua de Esteban Maderno (1566-1636), esculpida en 1599, cuando se hizo el reconocimiento de los restos mortales de Cecilia. Estos fueron hallados en la posición reproducida por el escultor. Maderno quiso también poner de relieve el corte de la espada en el cuello y la posición de los dedos: tres abiertos en la mano derecha y un dedo abierto en la izquierda. Conforme a la tradición, la santa quiso manifestar así su fe en la Unidad y en la Trinidad de Dios.
La cripta había sido embellecida con mosaicos y pinturas. De estas últimas quedan ahora algunas imágenes. En la pared izquierda, junto al lugar de sepultura de la mártir, en alto está representada Santa Cecilia en actitud de orante; abajo, en un pequeño nicho, se encuentra la imagen de Cristo "Pantocrátor" (Omnipotente), que sostiene el Evangelio. Al lado, está la imagen de San Urbano, papa y mártir, contemporáneo de Santa Cecilia, unido en la pasión a la mártir. En la cavidad del lucernario se admira la cruz entre dos ovejitas y las imágenes de los mártires Polícamo, Sebastián y Quirino.


En la Vía Véneto 27 se encuentra la Iglesia de Santa María della Concezione. Ella guarda una cripta impresionante hecha con huesos de monjes capuchinos. Húmeros, pelvis, omóplatos, costillas y cráneos de 4.000 monjes capuchinos muertos forman decorativas lámparas, cruces, ornamentos en la pared y candelabros. ¿Por qué hicieron eso? Un cartel indica que lo han hecho para recordarnos cuán breve es nuestro paso por la vida.
Y ahora pasemos a otras catacumbas, esta vez, las de París.


PARÍS

En esta entrada sólo hablaré de las catacumbas de esta ciudad tan especial para mí, ya que todos sus cementerios cuentan con cosas atrayentes y curiosas, por lo que eso constará en otra ntrada posterior.
Las Catacumbas de París (en francés Les Catacombes), conocidas como Les carrières de Paris, son una red de túneles y cuartos subterráneos localizados en lo que, durante la era romana, fuesen minas de piedra caliza. Las minas fueron convertidas en un cementerio común a finales del siglo XVIII cuando, debido a las epidemias y enfermedades que sufría la población por culpa de las inhumaciones y las fosas comunes, se trasladaron, en 15 meses, aproximadamente seis millones de huesos de diferentes cementerios. Los huesos se apilaron en las paredes de las catacumbas, formando una especie de muralla.


Su nombre oficial es "Les carrières de Paris", en francés, pero son ampliamente conocidas como "las catacumbas". Aunque su visita oficial solamente comprende las minas del decimocuarto "arrondissement", o decimocuarto municipio, también existen minas en el quinto, sexto, duodécimo, decimotercero, decimocuarto, decimoquinto y decimosexto arrondissement., con 1′7 Km. de longitud situados a 20 metros bajo el suelo.

El uso de estas desgastadas minas, para el almacenaje de huesos humanos, fue establecido en 1786 por Monsieur Thiroux de Crosne, teniente general de la policía, y por Monsieur Guillaumont, inspector general de las minas; todo eso debido principalmente al exceso de restos humanos que llenaban los cementerios de la ciudad; al mismo tiempo, el distrito de Les Halles sufría de enfermedades debidas a la contaminación por el manejo inapropiado de estos cadáveres, especialmente en el cimetière des Saints-Innocents (Cementerio de los Santos Inocentes).
Restos provenientes del cementerio Saint Nicolas des Champs fueron los primeros en ser trasladados. Cadáveres de las muertes causadas por desórdenes en Place de Greve, el Hotel de Brienne y Rue Meslee, fueron puestos en las catacumbas el 28 y 29 de agosto de 1788.
Aproximadamente 15 meses fueron necesarios para trasladar millones de huesos provenientes de multitud de cementerios, lo cual se llevaba a cabo durante las noches, cruzando la ciudad en carruajes, finalizando en la década de 1870, acumulando los restos de aproximadamente 6 millones de parisienses.

Las paredes de las catacumbas están cubiertas por grafitis, que datan desde el siglo XVIII en adelante. Victor Hugo basó su célebre novela Los Miserables en el conocimiento que poseía acerca del sistema de túneles que comprenden las catacumbas. En 1871 la Comuna de París asesinó a un grupo de monárquicos en una de las cámaras. Durante la Segunda Guerra Mundial miembros parisinos de la Resistencia francesa utilizaron este sistema de túneles. De igual manera, durante este período, soldados alemanes establecieron un búnker subterráneo en las catacumbas, debajo de Lycee Montaigne, una escuela secundaria en el sexto arrondissement.
Hoy en día, las catacumbas se han llenado de graffitis y obras de arte en forma de galería de modernos exploradores urbanos. Además, se descubrió que se realizaban ritos satánicos en las catacumbas. Por esta razón las autoridades han decidido cerrar las catacumbas al gran público, excepto un pequeño tramo para visitas turísticas. Hasta se comenta que hay un servicio especial de policías de catacumbas que vigilan que ningún satánico o artista urbano entre a las catacumbas sin autorización.


El pequeño tramo turístico empieza en la Plaza Denfert-Rochereau, desde donde bajas hacia las entrañas por una interminable escalera, caminas por un pasillo con poca luz y llegas, por fin, a una sala donde empieza el verdadero recorrido. Una placa del poeta Jacques Dellile avisa: ”Arrete. C’est ici l’Empire de la mort” (Parad, aquí está el imperio de la muerte).

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