lunes, 6 de junio de 2011

Cementerios, porque no todo es el terror en estado puro VII: Argentina

Cementerio de la Recoleta


El Cementerio de La Recoleta es un famoso cementerio ubicado en el barrio del mismo nombre de Buenos Aires (Argentina). Los jardines que rodean al cementerio constituyen un área de esparcimiento popular. Por otra parte, Recoleta es uno de los barrios más distinguidos de la ciudad y el cementerio hace honor a esa característica.

Los frailes de la orden de los recoletos descalzos llegaron a esta zona, entonces en las afueras de Buenos Aires, a principios del siglo XVIII. Construyeron en el lugar un convento y una iglesia, que colocaron bajo la advocación de la Virgen del Pilar (el templo, iglesia Nuestra Señora del Pilar, construida en 1732, aún existe y fue nombrada Monumento Histórico Nacional). Los lugareños terminaron denominando a la iglesia de los recoletos simplemente la Recoleta, nombre que se extendió a toda la zona. Cuando la orden fue disuelta en 1822, el 17 de noviembre de ese año, la huerta del convento fue convertida en el primer cementerio público de la Ciudad de Buenos Aires. Los responsables de su creación fueron el entonces gobernador Martín Rodríguez (sus restos descansan en el Cementerio) y su ministro de Gobierno, Bernardino Rivadavia.
Sus dos primeros moradores fueron el niño negro liberto Juan Benito y la joven María Dolores Maciel.


Durante la década de 1870, como consecuencia de la epidemia de fiebre amarilla que asoló la ciudad, muchos porteños de clase alta abandonaron los barrios de San Telmo y Montserrat y se mudaron a la parte norte de la ciudad, a Recoleta. Al convertirse en barrio de clase alta, el cementerio se convirtió en el último reposo de las familias de mayor prestigio y poder de Buenos Aires y aquí descansan los restos de varios personajes famosos de la historia argentina, presidentes, políticos, científicos, escritores y artistas junto a ellos.


La entrada al cementerio se realiza a través de un pórtico de origen dórico griego sin base, concluido durante una de sus grandes reformas ordenada en 1881 por el entonces intendente de la Municipalidad, Torcuato de Alvear. El predio tiene 4.800 bóvedas distribuidas en 54.843 metros cuadrados. El cementerio alberga varios mausoleos de mármol, decorados con estatuas, en una amplia variedad de estilos arquitectónicos. Se halla organizado en manzanas, con amplias avenidas arboladas que dan a callejones laterales donde se alinean los mausoleos y bóvedas. Existe una amplia rotonda central de donde parten las avenidas principales, con una escultura de Cristo realizada por el escultor Pedro Zonza Briano, en 1914.

Como se observa en las imágenes, este cementerio es como un laberinto lleno de senderos y caminos que abren paso a gigantezcas esculturas, mausoleos, vitrales y bovedas de las más variadas formas y tamaños. Muchas de ellas son consideradas Monumentos Históricos Nacionales.



Cada mausoleo presenta el nombre de la familia labrado en la fachada; generalmente se agregan al frente placas de bronce para los miembros individuales. Entre las personalidades que están aquí enterradas tenemos a Facundo Quiroga (1788-1835), político y caudillo militar; Vicente López y Planes (1785-1856), autor del Himno Nacional Argentino, presidente provisional de la Nación; José Hernández (1834-1886), escritor; Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), escritor y político. Presidente de la Nación Argentina; Panteón caídos en la Revolución de 1890 ó Revolución del Parque (Panteón de la Unión Cívica Radical); Hipólito Yrigoyen (1852-1933), político. Presidente de la Nación Argentina en dos oportunidades (1916-1922 y 1928-1930) derrocado por el golpe de estado encabezado por el General José Félix Uriburu; María Eva Duarte de Perón, (1919-1952), Primera Dama, Segunda esposa de Juan Domingo Perón; Carlos Saavedra Lamas (1878-1959) político y abogado, ganador del Premio Nobel de la Paz (1932); Oliverio Girondo (1891-1967), poeta, periodista; Victoria Ocampo (1890-1979), escritora y editora;Luis Federico Leloir (1906-1987), bioquímico, ganador del Premio Nobel de Química (1970). o Adolfo Bioy Casares (1914-1999), escritor.



La Isla Martín García en el Río de la Plata


La Isla Martín García se encuentra ubicada en el Río de La Plata, al Sur de la desembocadura del río Uruguay, a casi 35 km del Puerto de Tigre (provincia de Buenos Aires, Argentina) y a sólo 3,5 km de la República Oriental del Uruguay. Está rodeada por el Canal del Infierno al Este, por la isla Timoteo Domínguez al Oeste, y por el Canal Buenos Aires al Sur. Se encuentra a 27 metros sobre el nivel del mar.


Y aquí es donde se encuentra, en otras curiosidades como una reserva natural, uno de los cementerios más raros de la Argentina. Lo curioso es que, nadie sabe por qué, el brazo transversal de todas las cruces está inclinado en diagonal, de manera muy diferente a la tradicional cruz cristiana. Algunos dicen que esto es una señal extra de duelo por la cantidad enorme de víctimas que perecieron al mismo tiempo en una epidemia de fiebre amarilla. Pero, en realidad, éste es uno más de los misterios de la pequeña isla del Plata.


El cementerio fue fundado el 18 de julio de 1899 por el gobernador de la isla, capitán de fragata Luis F. Casalego. Desde hace tiempo ya no se hacen entierros allí y puede recorrérselo como "museo abierto." Las tumbas, en número de un centenar aproximadamente, guardan restos – en su mayoría – de conscriptos muertos durante las frecuentes epidemias que asolaron la región entre fines del siglo XIX y comienzos del XX.


Como decíamos antes, la mayoría de las tumbas lucen una extraña cruz pues el madero horizontal aparece inclinado. No hay coincidencia entre los historiadores sobre el por qué de tal cruz que no suele verse en otros cementerios argentinos. Hay quienes sostienen que el único molde que había para hacer estas cruces en cemento era de ese tipo y que luego se siguieron haciendo igual. Otros afirman que se trata de una cruz especial que remeda aquellas usuales en Europa de hace siglos y corresponde a una hermandad o grupo esotérico secreto. Unas pocas semejan el mango de una espada clavada por su punta en la tumba.

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